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Hablando de energía

Apuntes sobre la petroquímica nacional

Apuntes sobre la petroquímica nacional
Estimado lector, el último artículo que publiqué sobre este tema,  llamado "Gas, industrializar no exportar”, ha motivado muchas preguntas que creo conveniente intentar contestar en esta nota.

La petroquímica es la cúspide de la industria petrolera. Cuando el gas y el petróleo trasponen los  umbrales de una planta petroquímica dejan de ser combustibles fósiles para convertirse en los miles de productos de nuestra vida diaria. 
 
La comercialización de los productos petroquímicos difiere totalmente de las de petróleo y gas que conocemos. En la petroquímica rige la libre oferta y demanda y la competitividad es cruelmente dura. Por estos motivos una empresa ingresa a esta actividad después de una evaluación muy cuidadosa de la provisión de materia prima, mercados y ubicación de la planta para ingresar a las corrientes de comercio. 
 
La competitividad en los mercados ha determinado que la economía de escala sea decisiva para bajar costos. El otorgamiento de financiamiento para la construcción de plantas petroquímicas depende de operaciones financieras muy cuidadosamente escudriñadas antes de ser otorgadas. 
 
Los países exportadores de petróleo y gas han establecido una regla de oro que consiste en obtener mercados para su producción petroquímica conjuntamente con sus contratos de provisión de hidrocarburos a largo plazo.
 
Los factores arriba mencionados se tornan críticos cuando se trata de un país como el nuestro: con un bajo consumo interno de productos petroquímicos, mediterráneo y con una infraestructura de transporte local y regional muy deficiente.
 
En nuestro caso, poner cualquier producción en un puerto de exportación cuesta más de  100 dólares/ton, que en petroquímica es una desventaja demasiado grande que disminuye o elimina nuestra competitividad internacional.
 Es muy lamentable, pero parece que en la implementación del programa de industrialización del gas a través de la petroquímica se han pasado por alto todos los factores antes mencionados y las características del país, y nuestra industria petrolera.
 
La decisión de instalar nuestra primera planta de fertilizantes derivados del gas, en Bulo Bulo, parecería que fue realizada con la ligereza de asignar postas sanitarias o una pequeña escuela rural.
 
En forma inexplicable, en lugar de acercarnos nos hemos alejado del mercado brasileño de urea, que es el mayor en América Latina. Para disminuir los costos de transporte, sorpresivamente se ha incorporado la construcción de un FFCC de Montero-Bulo Bulo para conectarlo con el sistema ferroviario oriental del país. Esta medida, que más parece la reafirmación de un  capricho imperial, ha subido los costos del proyecto a más de 1.200 millones de dólares, hasta la fecha. La inversión más grande de Bolivia en un solo proyecto en toda su historia, que está siendo financiada con las reservas netas del BCB. 
 
Adicionalmente, se ha ignorado que en los convenios para la provisión de gas con Brasil, ese país adquirió la obligación de comprar 200 mil  TMA de urea boliviana.
 
La información que se tiene es que Petrobras, al finalizar el actual contrato y en la negociación del próximo, a partir de  2019, desea incluir una sociedad binacional sobre fertilizantes. Es una oportunidad que no debemos dejar pasar porque nuestro proyecto, tal como está, difícilmente será rentable. 
 
En el sur del país, en Yacuiba, hemos llegado a una absurda situación. Tenemos una planta que está produciendo materia prima para dos plantas petroquímicas que aún no existen, de polietileno y polipropileno, que deben estar en funcionamiento después de 2020 y no tienen asegurada la venta de su producción. 
 
Si en  2027 la venta de  gas a la Argentina concluye, entraríamos al máximo del absurdo, en el que tendríamos todas esas plantas paradas. Nada más que aproximadamente 5.000 millones de dólares financiados por el BCB, para lo que podría ser un gigantesco cementerio de equipo y maquinaria.
 
Todo el futuro de las plantas de Yacuiba depende de que la Argentina continúe comprando nuestro gas más allá de  2027.
 
Como se puede ver,  el problema es de grandes dimensiones. El intentar salvar el programa petroquímico requerirá negociaciones muy complejas y delicadas con Argentina y Brasil para lograr contratos que incluyan la regla de oro de venta de productos petroquímicos, acompañando la exportación de gas. Naturalmente, todo esto requerirá contar con nuevas reservas, suficientes para acometer estas futuras negociaciones.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.
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