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Hablando de energía

El principio del fin

El principio del fin
En diciembre del 2015, todos los países del globo pactaron un convenio para salvar nuestro planeta de los efectos del sobrecalentamiento.

En gran síntesis, el convenio señala un recorrido para disminuir el uso de los combustibles fósiles hasta llegar a nuevas formas de energía que no contengan la molécula carbón. 

Esta búsqueda se ha iniciado hace varios años, habiéndose asentado fundamentalmente en el desarrollo y uso de las energías limpias no convencionales. Es una actividad tan intensa que ha merecido, en 2009, la creación de Bloomberg New Energy Finance como una organización para informar del desarrollo de todos estos proyectos en el mundo.

Bloomberg New Energy Finance, en su último informe del pasado año, hace notar que el desarrollo de energía eólica y solar para producir electricidad ha adquirido un especial énfasis, sobre todo en los países en desarrollo no miembros de la OECD, utilizando condiciones naturales especiales. Más aún, se pone en conocimiento que ya se ha logrado la firma de contratos de provisión eléctrica a base de células fotovoltaicas a menores precios que la electricidad lograda por energía eólica. En Chile, en agosto pasado, se firmaron contratos de provisión de energía eléctrica por  29,02 dólares MW/hora.

 Con la tónica del Convenio de París y ese adelanto tecnológico de la energía solar fotovoltaica, Bloomberg New Energy Finance señala que habrá un crecimiento acelerado de la energía solar para proveer de energía eléctrica en India y China.

 En nuestro continente, Brasil lleva la delantera en la cantidad de instalaciones de centrales eléctricas fotovoltaicas y eólicas. Ese país estima que en la zona de la Amazonia tiene casi tres millones de habitantes con un acceso muy limitado a la electricidad y medios de comunicación.
 
Como la zona es boscosa y las poblaciones están diseminadas en las orillas de los ríos, no se puede tender redes eléctricas. El Gobierno del Brasil ha decidido las instalaciones eléctricas con placas fotovoltaicas como la mejor solución. Hasta principios del presente año, con ese sistema se están generando 16.6 GW/hora y se tiene planeado que para el 2024 se tendrá el 45% del total de la energía del Brasil con ese sistema. En esa forma, Brasil lleva la delantera a todos los países latinoamericanos y es el cuarto en el mundo en instalaciones de centrales eléctricas solares.

 Chile desde hace unos años ha decidido aprovechar las condiciones del norte de su territorio, el desierto de Atacama, zona en la cual la intensidad solar está entre las más altas del mundo y no se tienen días cubiertos por nubes, haciendo del área ideal para instalaciones de centrales eléctricas solares. En esta forma  Chile tiene nueve centrales en operación y construcción, que generan un total de 1.633 GW/hora.

 Además, en Chile es donde se logró ofrecer al mercado la energía eléctrica más barata del mundo  29,02 dólares MW/hora. Chile pretende que para 2025 el total de sus requerimientos eléctricos sean cubiertos por sus plantas hidroeléctricas existentes y centrales eléctricas solares.
 

 Nosotros tenemos un avance muy modesto en el desarrollo de energías limpias y renovables.
 
Los proyectos logrados hasta la fecha son: una planta de energía solar en Cobija, con una capacidad de 3 MW, un parque eólico en Qollpana, Cochabamba, con una capacidad de 24 MW,  la planta de la Ventolera en Tarija, con una capacidad de 20MW y Biomasa en San Buenaventura con 10MW.  Se estima que para 2020 se tendrá 1.500 MW utilizando energías alternativas con plantas solares, biomasa, eólicas y el desarrollo de la geotermia.

 La inversión en la instalación de plantas de energías no convencionales aunque modesta es correcta. Ese tipo de inversiones con perspectivas para el futuro son las que un Estado debe realizar, sobre todo ahora que con la aplicación del Convenio de París el principio del fin en el uso de combustibles fósiles ha comenzado. Lo que deberíamos aprender de países como Brasil y Chile es el utilizar energías no convencionales para solucionar limitaciones que imponen las características de ciertas zonas del país. Para abastecer de energía al Altiplano se debería usar extensivamente plantas solares y eólicas en vez de tender largas líneas de cables de baja tensión, y, desde luego, no insistir en el abastecimiento de gas a poblaciones menores mediante el extravagante estilo de enviarles gas natural licuado con cisternas criogénicos para que sea regasificado en plantas en esas pequeñas poblaciones.

 El descubrimiento de grandes reservas de petróleo y gas en Texas hacen pensar que los trabajos para la sustitución de los combustibles fósiles podrían ser prematuros. Pero no se debe olvidar que el hombre dejó la edad de piedra no por la falta de piedras, sino en la búsqueda de un nuevo estilo de vida.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.
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