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Hablando de energía

Comentarios sobre los pozos perforados por YPFB

Comentarios sobre los pozos perforados por YPFB
La Cámara Boliviana de Hidrocarburos y Energía (CBHE) ha preparado un excelente y extenso documento sobre la industria petrolera denominado Desafíos del sector hidrocarburos, presentado a conocimiento público por su presidenta, Claudia Cronenbold, recientemente.

 Incumpliendo, nuevamente con la ley, no se tiene un balance actualizado de reservas de hidrocarburos en el país. El último ha sido presentado en 2013.  Por esta razón, probablemente, la prensa escrita ha puesto especial interés en el documento de la CBHE sobre el tema de los pozos de exploración, perforados con la esperanza de que se reporten nuevos descubrimientos importantes de reservas.

 El trabajo de la CBHE informa que de 1996 a 2004 se perforaron 61 pozos exploratorios en el país. De 2005 a 2015 se alcanzó la perforación de 58 pozos exploratorios. Lo anterior ha representado cinco a seis pozos anuales. Se han tenido años durante ese periodo que no se perforaron pozos exploratorios,  mostrando desinterés en el tema. Se presume que por las fuertes críticas, YPFB programó en 2016 la perforación de 16 pozos: se iniciaron 14 y se terminaron 10. De estos 10 pozos se reporta que tres han sido exitosos y el resto resultaron secos.

 Un pozo exploratorio es el máximo esfuerzo que realiza una empresa petrolera para verificar la existencia de hidrocarburos en el subsuelo.  La perforación es el fruto de un exhaustivo trabajo  exploratorio previo, con métodos indirectos que señalan la posible existencia de hidrocarburos en un determinado lugar. El pozo exploratorio es el único método directo para verificar la existencia de hidrocarburos. Si bien su objetivo fundamental es lograr producción nueva, aún en caso negativo la información que se obtiene es muy importante para trabajos de exploración posteriores. 

Por estos motivos un pozo exploratorio es de singular importancia para cada empresa. La perforación misma tiene que ser cuidadosamente ejecutada y sujeta a seguimiento diario para verificar si los resultados son similares a los que se planificó antes de iniciar el pozo.

Por lo anterior, el programar perforar 16 pozos exploratorios, iniciar 14 para terminar 10, como lo hizo YPFB en 2016 -según el informe de la CBHE- es una especie de frenesí exploratorio más dirigido a reducir críticas que encontrar nuevas reservas. Así como el planear un pozo requiere el concurso de muchas disciplinas exploratorias, el control y seguimiento de todo pozo exploratorio debe ser realizado por personal altamente calificado y de gran experiencia. 

La programación de YPFB con 16 pozos exploratorios para 2016 da la impresión de ser más una medida política que profesionalmente preparada. Esa cantidad de pozos requeriría casi una centena de profesionales altamente calificados en exploración. Cantidad que estamos seguros YPFB no tiene en sus filas de profesionales.

 Además, tomemos nota que desde 1920 hasta la fecha hemos desarrollado nuestra industria petrolera en el sudeste del país, en un área que se ha venido a llamar área tradicional de ± 80.000 km2 desde Santa Cruz hasta la frontera con Argentina. Hasta 2006 las áreas claramente potenciales habían sido perforadas. Las áreas perforadas de 2006 a 2016 con 68 pozos y sus resultados dan la imagen de que ya se ha llegado a la saturación de esta área.

En gran síntesis: todo el trabajo realizado y sus resultados negativos se están convirtiendo en una suma de argumentos que técnicamente no atraen inversión pública ni privada en el sector.

Estamos frente a una situación muy difícil. Las reservas de gas que descubrimos a fines del siglo XX, a las cuales hasta la fecha no se les ha podido hacer ninguna adición importante,  serán suficientes para cumplir nuestros compromisos de exportación con Brasil y Argentina, dejando un saldo para cubrir el mercado interno, que ha sido fuertemente estimulado. 

 El documento de la CBHE  también muestra claramente que con la legislación actual y las  prácticas de los grupos sociales se necesita de 10 a 12 años, después de su descubrimiento, para que la producción de un campo pueda entrar en el mercado. 

Por lo anterior, estamos perdiendo el mercado brasileño y nos estamos convirtiendo de
importante proveedor a abastecedor marginal a empresas individuales en ese país. 

Por lo tanto, aunque los esfuerzos exploratorios de Repsol, Gazprom y Total sean exitosos, tomarán años para que su efecto sea sentido por los mercados. Estamos peligrosamente atrasados.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.
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