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Filipo

Filipo
Desde 1943 hasta 1985, la historia política del país fue marcada por la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia, la otrora poderosa FSTMB, ella fue el núcleo de la Central Obrera Boliviana (COB). Podría decirse que, durante algunas décadas, la política se definía en el enfrentamiento entre la COB (FSTMB) y las Fuerzas Armadas, ese parecía ser el "sistema político” del pasado. Eran las épocas de los grandes dirigentes mineros, la memoria histórica nos conduce a Juan Lechín Oquendo, Guillermo Lora, Federico Escóbar, Irineo Pimentel, Simón Reyes, Víctor López, cada quien con su estilo personal y sus virtudes diferenciadas. 

Pero, quizás, el más apasionante es Filemón Escóbar, el Filipo, por su labia ronca; siempre presta a enseñar, amenazar o felicitar; y, claro está, por su capacidad de raciocinio. En todas sus épocas de dirigencia sindical y política, hasta hoy inclusive, él ha mostrado y muestra la pasión por la política. Es apasionante oírlo discursar, analizar y proyectar el futuro de la política.

Es por ese tipo de dirigentes, como el Filipo, que Zavaleta se enamoró de los mineros. Por eso soñó que los mineros harían el socialismo. Eran otros tiempos, llenos de ética y de pasión por la política y no por el poder. Esos dirigentes eran rectos, honrados, leídos, intelectuales del socavón, dignos representantes de la independencia de clase.

En el Santiago de Allende pasábamos horas charlando, tomando sol en las puertas del Pedagógico. Él era una suerte de profesor, que trataba de convencer a todos a  su alrededor de que la única vía para la liberación de los pueblos era la insurrección popular y la construcción del socialismo;   nos repetía casi religiosamente la Tesis de Pulacayo. Fue mi amigo Ascencio Cruz quien me acercó al Filipo. Me dio un gran regalo, pues mediante las conversaciones con él pude entender por qué, casi regularmente, el movimiento minero preparaba el terreno para la insurrección   popular   y la gestación de la revolución.

Cuando había dictadura militar, los obreros  -como en la época de Banzer- clamaban por las libertades democráticas, pero sabían que al conseguir democracia,  ella era solamente un "veranillo democrático”, terreno propicio para la preparación de la insurrección popular. 

Filipo me ayudó mucho a entender al país, a los mineros, a la clase obrera, me ayudó a mirar la vida de los militantes. Pero, claro, no logró convencerme para que milite ni para que profese ideas trotskistas. De todas formas, al volver a Bolivia, clandestinamente, se trajo la única chompa que me había tejido mi esposa a los pocos meses de casados, espero que no haya pasado frío en la frontera. Eso se lo debe a Martha. 

Mi padre fue fundador de la FSTMB, salió al exilio el 21 de julio de 1946 y yo nací el 1 de noviembre de ese año, nunca viví con él. Por eso, precisamente, me encantaba que Filemón me hable de la mina, de los mineros, de sus vidas llenas de penurias y también de alegría. Al oírlo imaginaba cómo había sido la vida de mi padre en el Siglo XX, en Catavi, en Huanuni, en Colquiri. Por eso nos llega a los tuétanos la canción del minerito, cantada por Gerardo Arias.

 La historia del país está marcada por ese Filipo, político, dirigente minero, dirigente político, intelectual, escritor, pero, ante todo, hombre honrado, fiel a sus convicciones y de yapa cariñoso. Como siempre hizo política, no podía dejar de hacerla luego de la relocalización de 1985, pero en esa época su travesura consistió   en haber construido al MAS. Él le dio el alfabeto político, él construyó las células partidarias en el Chapare, él le dio ideología.

 Como entendió muy bien la relocalización y el declive de la clase obrera, Filipo se  aggiornó  y comenzó a ver a los campesinos, a los indígenas, comenzó incluir en la política los temas de medioambiente. Este Filipo renovado es el que no acepta el giro que dio el proceso de cambio y es uno de sus principales críticos.

 Sonia Montaño dice que el Filipo no es solamente un extraordinario político, sino que es también un buen esposo y un excelente padre, méritos poco frecuentes entre muchos bolivianos que han dedicado su vida a soñar la política. Un día me lo encontré en un restaurante, él estaba con su familia, gritó   con su voz ronca: "¡Toranzo!  Ven, ven aquí”. Hizo parar a su familia y les dijo: miren, este ch’iti es hijo del Cesar Toranzo, fundador de la FSTMB. Me abrazó fuerte y me levantó un poco en el aire. Ahí me dije: gracias a la vida por ser amigo del Filipo.

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.
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