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Anomia estatal

Anomia estatal
La democracia no es sólo acceso a derechos humanos, libertad de prensa, derecho a disentir, derecho a condiciones de vida tolerables, posibilidad de votar y elegir. Una democracia es también instituciones, leyes, normas, que son las que deben facilitar la convivencia cotidiana entre los ciudadanos. 

Empero, hace mucho tiempo sentimos  que en el país se impone la anomia, la ausencia de la norma, la falta de voluntad para cumplir la ley. Cada quien hace lo que quiere sin parar mientes si está o no cumpliendo las normativas, desde las constitucionales, pasando por las leyes de la República, los decretos, hasta las ordenanzas municipales. 

Es una evidencia que la norma no ha sido internalizada por las personas, no hace parte de su fuero íntimo; en muchas ocasiones las personas marchan por defender sus derechos,  pero normalmente son muy reacias a aceptar deberes y  a cumplir obligaciones, eso demuestra que en el país existe una ciudadanía incompleta y una democracia muy frágil, no sólo porque no hay cultura democrática sino porque, ante todo, existe una cultura de no aceptar la ley, de rebasarla de manera abierta o acudiendo a cualquier triquiñuela. 

Es imposible que la gente advierta que sus derechos acaban donde comienzan los de los demás,  parece imposible que la gente respete el derecho del otro. La gente tiene la certeza de que posee derechos, la Constitución ha inflado la suma de éstos, pero esas mismas personas conscientes de poseer muchos derechos  casi nunca reconocen que tienen deberes y obligaciones.

Todo lo que advertimos no sucede solamente en las grandes cosas, sino en  la cotidianidad: no se respetan las filas, se incumplen contratos o se los firma a sabiendas de que no se los cumplirán; cada conductor para donde le parece sin molestarse por saber si perjudica a otros. La universidad tiene por norma el examen de ingreso, pero quienes lo dan, si no lo aprueban hacen huelga de hambre  hasta las últimas  consecuencias para ingresar;  quien se presta dinero, no lo paga porque dice que el contrato firmado no le conviene, el que no posee tierra la toma de cualquiera otro, sea o no sea terrateniente, algunos desean tomar las casas de otros y en muchas ocasiones lo hacen. 

Las autoridades no cumplen  horarios, no cumplen sus obligaciones, muchas de ellas usan indebidamente fondos y bienes públicos, cuanto más poderosas las autoridades, más lejana la posibilidad de que cumplan las leyes; se hacen licitaciones en favor propio, se cobran comisiones a los asalariado o se cobra comisiones a muchas personas para buscarles trabajos, se hacen huelgas porque las leyes o los códigos tributarios no los eximen de tributar, se aprueban  concesiones de tierra de manera no transparente y se arma revuelo cuando se pide tributar por esa tierra, los que reciben subvenciones en energía juran que son modelos  de eficiencia, se hace justicia por mano propia so pretexto de justicia originaria, se mella la dignidad del adversario sin que haya presencia de la ley, se solicita más presupuesto universitario sin que nunca se rindan cuentas, se quiebran bancos sin que los banqueros  sean juzgados. 

Todo esto implica desintitucionalización de una democracia que es frágil; cada quien por su lado, los partidos, los militantes, los sindicatos, la sociedad, todos contribuyen a generar esta anomia, sin reparar que generan  una situación  donde  quien saldrá perdiendo es el ciudadano. Es éste quien queda inerme ante la violencia emergente de la inexistencia de leyes y de instituciones  que las defiendan.

Los aliados del poder, por ejemplo, los cocaleros no cumplen las leyes, han matado servidores públicos sin que hayan sido juzgados, dominan un territorio donde parece no haber Estado, mienten al decir que producen coca para el acullico, pero el Estado se hace de la vista gorda. Los otros que fueron aliados por más de diez años, ésos que se convirtieron en una suerte de milicia armada al servicio del Estado, los cooperativistas mineros, tampoco cumplen las leyes, las violan con gran regularidad, creen que tienen el derecho de matar.

El conjunto de todos estos hechos nos muestra una situación de profunda anomia estatal, de ausencia de la ley y de respeto de la misma; esto implica que la democracia está profundamente erosionada.

Carlos Toranzo es economista.
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