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¿Palabra empeñada?

¿Palabra empeñada?
Para que se apruebe la actual Constitución Política del Estado, Evo Morales prometió no presentarse como candidato en la próxima elección presidencial inmediata a la sanción de esa norma. Dio su palabra empeñada de no candidatear para que la Carta Magna sea aprobada en 2009; esa promesa fue la base del acuerdo político para que la oposición dejara pasar esa Constitución. ¿Honró su palabra? Sin sonrojarse, no lo hizo, no respetó su propia promesa, ni su palabra que suele ser lo más valioso de las personas. Así pues, ésa es una violación a la ética, implica no respetar los valores morales que deben ser los fundantes de la convivencia humana.   Además, fue electo de forma inconstitucional, violando uno de los artículos transitorios de la Constitución; pisoteó la ley que él mismo   impulsó y promulgó.  

 Después movilizó al país llamando al referendo del 21 de febrero de 2016 para consultar a la población, a la ciudadanía, lo que su ego le aconsejaba: si podía habilitarse para ser candidato en 2019 para poder ser reelecto por una vez más. Todos sus obsecuentes le sugirieron que ese era el camino para perpetuar el poder al que se había acostumbrado Morales y sus entornos de poder. Con voz mansa, con expresión cariacontecida, prometió que iba a respetar el resultado de la consulta nacional. Expresó que si perdía se iba a retirar   a su cato de coca del Chapare. 

Muchos ciudadanos, miles de ellos pensando y recordando el pasado inmediato, creían que si él faltó a su palabra antes, si lo hizo con semejante desparpajo, era probable que si perdía en el referendo iba a ir contracorriente para no respetar su palabra y buscar todos los ardides legales e ilegales para presentarse como candidato en 2019. De nuevo violó la ética y el compromiso a su palabra empeñada; es que los principios morales parecen no interesarle.

 Cuando salió a la luz el tema de la señora Gabriela Zapata dijo no conocerla, empero, cuando se vieron sus fotos con ella, otra vez, actuando con más desparpajo que antes, siguió mintiendo y dijo que la señora era solamente una cara conocida, una de esas fans que se acercan en alguna fiesta para saludar al Presidente. Luego aceptó que vivió un tiempo con ella, que tuvo un hijo con esa señora,   que se ocupó, como cualquier buen padre, del niño producto de su relación amorosa. Expresó que el niño murió, aunque nunca dijo si fue a su entierro, y ni si sabía dónde estaba enterrado; entonces, siguió mintiendo.

Después, con más desparpajo que antes, sin la menor mueca de remordimiento ni de vergüenza, continuó mintiendo y dijo que lo engañaron, que no tuvo el hijo. Mentiras, tras mentiras, falta de respeto a su palabra empeñada. Violación a las más elementales normas éticas, pisoteo de las normas de la moral y de la convivencia ética, eso es lo que ha hecho el Presidente en estos años. 

 Ese es el mensaje antiético que transmite a los niños y a los jóvenes de nuestro país. Para él   y su entorno la ética no existe, no existen los principios morales que deben conducir las conductas de las personas, más aún de quienes son nuestros representantes.

 Pero ahora quiere poner el cherry a la torta de esa conducta violatoria de la ética, trata de inventar otra mentira y acudir a otra violación a la Constitución, planteando que el referendo del 21 de febrero de 2016 no tiene validez porque que fue basado en una mentira. Es decir, que con más desparpajo que antes  quiere mostrar al país que el Supremo escoge las leyes que lo favorecen y desconoce las leyes que no lo hacen. Esto simplemente se llama ausencia del Estado de derecho -base de la democracia-, desaparición   del imperio de la ley; implica que la voluntad del caudillo está sobre cualquier institucionalidad democrática. Eso tiene un nombre, autoritarismo, violación a las normas de la convivencia democrática.  

 Ése que viola la palabra empeñada, junto a sus obsecuentes, trata de sacar a la gente a la calle el 21 de febrero, convoca sus clientelas, adormecidas por los favores prebendales, a enfrentar a la "mentira”; para ser justos, debiesen movilizarse contra sus mentirosos. Pero, más grave, conociendo cómo actuaron en el Hotel Las Américas y en Pando, pueden buscar la excusa para provocar el enfrenamiento y llevar a la cárcel a gente que genuinamente defiende la democracia y el Estado de derecho.  Quienes defiendan la democracia el 21 de febrero deben estar conscientes de esos peligros de los provocadores.


Carlos Toranzo Roca es economista y analista.
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