La Paz, Bolivia

Lunes 21 de Agosto | 21:31 hs

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Carlos Toranzo Roca
Pluri-multi

Cosmocollita tenías que ser

Cosmocollita tenías que ser
Eran otros los tiempos en los cuales no había contaminación, cuando no existían computadoras, tiempos en que se podía almorzar con tranquilidad, sin que nadie esté ocupado de ver su celular, sin saber si tenían o no tenían likes  por las zonceras que ponen en su Facebook. Épocas en que los colectivos iban a 20 kilómetros por hora, con cobradores temerarios que normalmente te mataban  el cambio.  Los colectivos no eran muchos: creo que el rojo, el   número 6, iba por Miraflores; el 2 por Sopocachi, y el amarillo, el 11, bajaba hasta Obrajes. Había que esperarlos como media hora; por tanto, llegaban muy llenos y muchas veces había que ir en la pisadera y aprender   a bajar al vuelo. 

En la escuela -yo estudié en la Piloto y después en el Hugo Dávila-,  no nos era extraño que estén orureños, potosinos, cochabambinos, pandinos, benianos, cruceños y chuquisaqueños. También nuestros profesores venían de todos los departamentos, muchos de ellos formados en la Normal de Sucre. No nos preguntábamos por qué venían a La Paz, todavía no estábamos formados, en especial en la escuela, para saber que aquí estaba el centro político del país. Quizás sabíamos que era la sede del Gobierno, pero no avanzábamos a más saberes. 

 Sin darnos cuenta, desde muy temprano nos fuimos volviendo cosmocollitas, aprendimos a convivir con gente de todo el país. Cada uno   de ellos traía su música, sus costumbres, a veces sus comidas. Todos ellos junto a nosotros, los nacidos en La Paz, comenzamos a desarrollar un ambiente   pluricultural, y desarrollamos cansina y tranquilamente la interculturalidad; lo hicimos sin leer libros de muchas páginas ni acudir a análisis sesudos sobre esos temas, simplemente la vida nos enseñaba a convivir con el diferente.

 Todavía no se oía a Wara, ni a Altiplano y, menos aún, a Música de Maestros; cuando más mis recuerdos me conducen al Negro Larrea, creo que era el dúo Larrea-Terán, obviamente  a doña Gladys Moreno. En las fiestas estaba presente la Swingbali. En las cercanías del "Merlan” tocaban sus zampoñas los Cebollitas, que eran unos lustras capos para la música. En el colegio se oía a   los Bony Boy Hots y mucho después vinieron Los Jairas. Pero, ya había paceñidad, se la notaba   el 15 julio en los desfiles estudiantiles, donde tan importante como Murillo eran las salteñas. Por las noches era más serio el desfile de teas.   Pero, poco a poco, nos fuimos desarrollando junto a las montañas. Sabíamos reconocer cómo cambiaban los colores de las montañas según sea la estación que, a propósito en ese entonces, además de la Estación Central, había la Estación de Guaqui. Y claro   el Illimani era nuestro guía, aunque no cantábamos: "El nevado más hermoso se encuentra en La Paz, Illimani majestuoso, orgullo de nuestra tierra”. No lo hacíamos, pero estábamos en silencio esperando esa letra.

 Aunque éramos chicos o jóvenes, ya advertíamos las discriminaciones contra indios, contra cholos y mestizos; nosotros mismos las sufríamos, por eso no entiendo cómo uno de los símbolos de los paceños es Cholita paceña, ésa que dice "Quisiera   tener, cholita paceña, ¡Ay! porque sabe querer, es una buena mujer, su bonito andar…”. 

 Quizá el tiempo generó  algo de sabiduría para abrir los ojos y saber describir a La Paz, que sin sus  cholas es nadie. Como también sabiduría hubo, y hay en La Paz, para echar a tiempo a    los tiranos y a dictadores. Ésa es costumbre de antes y quizás de ahora.

 Es probable que no sólo a los paceños les guste Collita, sino que muchos bolivianos de otros departamentos que vivieron en esta ciudad se alegren al oír: "Lindas montañas te vieron nacer, el Illimani tu cuna meció y la kantuta su alma te dio”. Si esta música nos llega a lo más profundo de nuestros sentimientos, así también las nostalgias nos conducen a cantar el tango Illimani. 

 Ya pocos cantan el Jacha uru, tal vez porque el mestizaje se ha impuesto en esta ciudad. Pero, al   construir la pluriculturalidad, cómo no cantar Niña camba, ésa que nos conduce a Santa Cruz y nos recuerda que ella fue compuesta por un colla. Es que si hace 100 años la multiculturalidad se construía con fuerza en La Paz, desde 1952, desde la Marcha al oriente, las constantes migraciones de collas están convirtiendo a Santa Cruz en otro lugar cosmocollita. 

 Si al inicio muchos cruceños se molestaron por las migraciones, si no les gustaba el "avasallamiento” colla; ahora deben resignarse al ver la construcción   de otra multiculturalidad y la edificación de otra interculturalidad que muestra que, tanto en La Paz como en Santa Cruz, hay nuevas élites económicas conformadas por las burguesías cholas o las burguesías cunumis. Y más profundo aún, en épocas de globalización no hay que asombrarse si se expanden los cosmocollitas.

Carlos Toranzo Roca es economista.
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