La Paz, Bolivia

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Carlos Toranzo Roca
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Tarija tiene futuro

Tarija tiene futuro
Hace 10 o 15 años atrás había pensado pasar mi jubilación y mi vejez en tierras tarijeñas, tenía algo de apoyo de mi esposa y no tanto de mis hijos. Pero ese pensamiento venía de un diagnóstico hecho durante 20 años de visitas a tierras   chapacas, tiempos en los cuales pude sentir la alegría de vivir   de los tarijeños, logré comprobar su sentido de humor, que no sólo se remitía a hacer burla de las cuestiones cotidianas, sino también de ridiculizar a los otros y generar burla de sí mismos. 

 En las clases medias tarijeñas logré entender su amor por el campo. Tras de cada tarijeño citadino miraba a un prospecto de empresario del vino, pues cada quien se aventuraba a hacer su propio elixir. Fue quizás Sergio Prudencio quien me enseño -él no lo debe saber- a distinguir un malbec, un cabernet sauvignon, un syrah o un merlot; en esos tiempos había poco de tannat, que es ahora uno de los vinos más cotizados del valle. 

 Pero,   esas clases medias urbanas acompañaban a sus travesuras de los vinos con el desafío de hacer algunos quesos varietales, como los caprinito. Otros tarijeños, más osados, empezaron la aventura de trabajar el jamón serrano.

 Los sectores más ligados   al campo eran unos traviesos en la elaboración de vinos pateros, los mismos que ellos los pueden tomar sin peligro; en tanto que los collas podemos caer desmayados a la tercera copa de algún patero dulzón. En el valle tarijeño pude observar campesinos orgullosos de su origen, trabajadores, portadores de buen humor y de muchos sueños, con una tendencia a tener relaciones de igual a igual con cualquiera.

 En esa Tarija hermosa no podía comprender por qué la gente de Cercado, las clases medias altas, no lograban entender el Chaco ni preocuparse por esas tierras cálidas, llenas de belicosidad por el abandono al cual fueron sometidas por varios años.

 Con la llegada del proceso político que aún vivimos, encontré otra Tarija, demasiado ideologizada, en la cual los antes amigos se distanciaron entre sí. Hubo años en que muchos amigos no se hablaban entre sí y hasta generaron odios mutuos. La tierra de paz, el departamento que en algunos momentos de la política boliviana se convirtió en una bisagra de diálogo entre bandos políticos enfrentados en el nivel nacional, se transformó en uno de los lugares donde con más nitidez se impuso la lógica amigo-enemigo, esa que no mira adversarios, sino enemigos a   destruir.

 Acompañando   al exceso de ideologización, vinieron las millonadas de las regalías y   de los recursos del boom petrolero. Tarija se convirtió en un lugar de ingresos millonarios. El Chaco probó las mieles del exceso de recursos, Caraparí debe ser la metáfora del exceso y del despilfarro; ese Chaco que no era mirado por  Cercado logró su autonomía, la misma que parece no haberle servido de mucho, pues la mayoría de la gente no ha solucionado los problemas fundamentales de la educación o de la salud; como tampoco lo hizo Tarija en su conjunto.

 Esa Tarija antes millonaria ahora sufrió uno de los incendios más grandes de su historia, miles de hectáreas destruidas con algunos muertos por las llamas de los voraces de los incendios. Pero en la tragedia Tarija pudo recuperar el alma de amor por su tierra, pues miles de miles de voluntarios se sumaron a las tareas de pelear contra las llamas. A los tarijeños solidarios, a los voluntarios, poco les importaron algunas mezquindades de políticos nacionales o locales, no los
miraron, no los escucharon, todos esos tarijeños se empeñaron  en defender sus tierras. En cada hora de pelea contra el fuego aprendieron a amar más al medioambiente;  no se obnubilaron por los discursos de la Madre Tierra, sino que entendieron que la tierra, que el territorio se debe cuidar entre todos, con conductas solidarias, desinteresadas. Esos voluntarios actuaron y actúan sin cálculo político, sin intereses ocultos.

 Todos esos miles de voluntarios, a fuerza de solidaridad, nos demostraron que Tarija tiene futuro, pero la tiene si todos actúan juntos, remando en pos de un futuro compartido, dejando atrás la lógica del amigo-enemigo. Es de esa Tarija que yo me enamoré años atrás.

Carlos Toranzo Roca es economista.
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