La Paz, Bolivia

Sábado 29 de Abril | 01:27 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Resolana

El mundo desde la plaza

El mundo desde la plaza
Generalmente son cuadradas, pero a veces son redondas o alargadas. Suelen tener un monumento en el mero centro y éste representa a sus próceres, su memoria histórica o los principales símbolos de la vida de la comunidad, como en Mizque, donde un grupo de gráciles damas pasean con sus quitasoles, no en vano es "la ciudad de los quinientos quitasoles”. Y, pese a que la palabra plaza tiene su origen en la comprensión de un espacio ancho y plazo, las hay en altura, siguiendo los caprichos de la conformación de cada lugar, como en Potosí, La Paz o Morochata, donde los transeúntes "suben” a la plaza.

 En nuestro país hay plazas de todo tipo, desde los pueblos del oriente y los valles, habitadas por árboles vigorosos, ocupados a su vez por bandadas de pájaros bulliciosos que sugieren el ritmo imparable de la vida, hasta las de los pueblos del altiplano, silenciosas y de paisaje yermo, donde las piedras hablan lo que la vegetación calla. Todas tienen amistosos bancos que invitan al descanso, a la tertulia de los rojos atardeceres, a esperar el paso airoso de las y los adolescentes jugando al amor o, sencillamente, a sentarse y dejar que el mundo de cada día se descubra ante nuestros ojos.

 En realidad, hay pocas poblaciones en el mundo que no tengan una plaza principal, alrededor de la cual se ordenó desde su nacimiento la vida urbana con sus principales instituciones, sus rituales y su vida social.  Es que, desde el origen de la construcción de las ciudades la plaza (llamada principal, de armas, central o con cualquier otra denominación) constituye los llamados "salones urbanos”, espacios públicos descubiertos alrededor de los cuales suelen levantarse los principales edificios que representan el poder político, como los palacios de gobierno, las gobernaciones y alcaldías, y el religioso, como las catedrales. 

 Pero no solamente para el poder institucionalizado, ya que, siendo simbólicamente un espacio de poder, las familias más ricas buscaron siempre tener sus negocios y sus viviendas cerca de la plaza. De ese modo se afianzan y reproducen las relaciones sociales y económicas jerarquizadas y los rituales de la vida urbana, desfiles, procesiones, comercio, enamoramientos y protestas.
 
Cada plaza es una especie de escaparate de la vida de la población en cuyo centro se ubica.  

 Por ello, cuando comenzaron a repartirse los recursos económicos establecidos en la Ley de Participación Popular, la mayoría de los gobiernos municipales iniciaron trabajos de recuperación, reconstrucción e innumerables arreglos de las plazas principales, pese a las críticas que suscitaron y siguen suscitando esos gastos por parte de ciertos especialistas. Quizá es porque ninguno se sentó a mirar el mundo desde una plaza, para descubrir que, a su modo, cada una es el centro de su propio universo.

 Pero la gente de cada pueblo o ciudad sí que lo sabe. Para sus habitantes la plaza no es solamente un lugar sino un escenario donde transcurren los actos principales de la vida urbana.
 
Hacia la plaza del pueblo se dirigen los domingos, presurosos, los pasos de las y los visitantes de las comunidades aledañas. Hacia la plaza avanzan, sin misericordia, los mercados. En la plaza gritan, se desnudan y crucifican protestantes y movilizados. 

 Por todo eso, todas las plazas deberían recuperar y defender sus calles peatonales ¿Usted quiere una buena lustrada de zapatos, un cafecito al paso, mirar algún desfile o sorprender las rutinas de la ciudad? Vaya a la plaza, no se arrepentirá. 


Carmen Beatriz Ruiz Parada es comunicadora social.
42
4

También te puede interesar: