La Paz, Bolivia

Martes 26 de Septiembre | 15:49 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Resolana

El pito

El pito
Usted está a punto de cruzar una de las concurridas esquinas del centro de la ciudad y no encuentra cómo. Los autos vienen de las cuatro direcciones, ronceando para aprovechar la luz amarilla o para ganarle dos micras de segundo al de la dirección contraria. Los colectivos y carros grandes adelantan la trompa sobre las desvaídas rayas blancas, que una vez fueron cebras, avisando quién es el más fuerte… cuidadito se atreva usted a pasar. 

 Pero, usted está apurado y mira rápidamente a ambos lados de su posición y descubre a otras personas tratando de hacer lo mismo, mientras otras ya se adelantaron y hacen pases taurinos poco elegantes frente a los animales mecánicos. Entonces, sólo queda cerrar los ojos, persignarse si es creyente y echar una carrerita, toreando autos y gente que está en las mismas que usted. ¿Dónde está el policía? No se percibe ningún avistamiento… 

 Finalmente, cuando usted ya está a punto de alcanzar, milagrosamente, la acera de enfrente, un chillido metálico se introduce, como un reptil avezado, en sus oídos. Está a punto de caer, pero logra sostenerse y da la vuelta para reconocer, una cuadra más abajo, a dos indolentes guardias que conversaban cobijados del sol inclemente del mediodía y, cuando el tráfico comenzó a arrastrarse más lento que de costumbre, hicieron sonar el pito. 

 ¿Qué arregla el sonido del pito? Nada, evidentemente, más allá de lanzar una pálida advertencia de "presencia antes no detectada” de posibles guardias de tránsito. ¿Dónde están y en qué momento intervendrán? Los realistas dramáticos dirán: nunca. Los cínicos: cuando haya un accidente. Los pesimistas: mejor que no aparezcan. Los ingenuos: que vengan, pero sin pito. 

 El pito. No el pito de cañahua ni el de cualquier otro grano molido, sino el pequeño artefacto ruidoso con el que los guardias de tránsito intentan ordenar el tráfico. La palabra se aplica también a otros artefactos de los que no vale la pena ocuparse. Pito es una palabra que designa corrientemente a un silbato. Es un pequeño artefacto metálico, de plástico o de madera que produce distintos tonos de silbidos agudos y ululantes. 

 Debido al estado caótico de las calles de las ciudades bolivianas, el pito resulta un artilugio que terminó siendo parte del paisaje acústico. La autoridad del policía de tránsito parece estar concentrada en el sonido de su silbato. Los guardias se refugian en un rincón de la esquina o en el dintel de las puertas y, desde allí, protegidos del sol, de la lluvia, de los bocinazos y, probablemente, del maltrato de algunos conductores, fatigan el pito ante los oídos sordos de las y los infractores, pero torturan a los viandantes. Los resultados suelen ser nulos. El caos prosigue, con pito o sin él. 

 No hay pito de tránsito cuando se trata de hacer pasar niños, ancianos o personas con discapacidad una esquina. Tampoco cuando la mayoría de los conductores pasan alegre y cotidianamente las luces rojas. Menos aun cuando los "vivos” estacionan en doble fila en las calles de los mercados, de los cines y los boliches. No, parece que el pito suena sólo cuando quiere ahuyentar alguna molestia personal. La tranquilidad colectiva lo tiene sin cuidado. 

 No todo es malo con el pito. Desde hace años, mujeres de ciertos barrios populosos en La Paz y El Alto, siguiendo el ejemplo de las exitosas experiencias en Lima, tienen a mano un silbato para avisar cualquier situación de peligro. Las personas que investigan o simplemente admiran las aves construyen silbatos especiales para imitar su canto. Pero, hasta ahora, como lo tenemos comprobado, en tema de ordenamiento de tráfico los pitos resultan nulos. 

Carmen Beatriz Ruiz  es comunicadora social.
63
13

También te puede interesar: