La Paz, Bolivia

Martes 22 de Agosto | 20:32 hs

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Resolana

En tono de corrido

En tono de corrido
Que suenen las trompetas, que gima el acordeón, templando están las guitarras, para cantar esta canción. Señoras y señores, les pido su atención, para esta historia afligida que revuelve tripas y corazón (estribillo).

Un hilo suelto de esta historia, que alguien pescó, nos llevó hasta un súper ovillo que intentamos aclarar. Primero vimos los negocios, después los millones y, al fin, las hilachas del amor. ¿Cómo se podrá esto desenredar? 

Esta historia tiene todo: amantes, pasiones, infieles, violencia, injusticia y dinero. Mucha mosca, mucha pasta, hasta guita, tanto quivo propio y ajeno, el del país, el nuestro, por supuesto. Al medio de todo el chenko está nomás la platita, pero como no hay drama sin sexo, una dama apareció.

Era una dama de muchos corazones, joven, ambiciosa, chula y coqueta, tanto talento tenía, que dizque engañó a incautos orejones. Entre sus redes cayeron el capitán más gallero, el que de minas sabía, enviados del lejano oriente y ¡es increíble creerlo! cayó también el mero mero.

De sus ojos maliciosos ninguno pudo escapar, con sus garras de diosa los hilos del poder tejía y con oscuros maleficios volverse invisible podía. Entre hechizos y letanías, con su aura platinada, del palacio entraba y salía. 

Pobrecitos los poderosos, sus frágiles corazones reventaron como pipocas. ¿O fueron sus hormonas? ¿O serían sus ambiciones? No hay valiente que resista cuando una dama de ésas (güera, choquita, dorada, jovera) tienta bolsillos y fundillos.

Consultados los señores, dijeron su verdad, mano al pecho, brazo en alto, ¿quién podría desconfiar? Yo no fui, yo no sabía, borracho estaba, no me acuerdo, es mejor hacerse el sueco, no se imagina compadre el poder de semejante brujería. 

La muy ingrata nos miente, nos quiere perjudicar. Callen a la malpagadora, quemen libros y cuadernos, nadita debe quedar. La culpa es de los mensajeros, síganlos, agárrenlos, amárrenlos, no los dejen respirar.

Y de la magna Asamblea el humo azul salió. Más honestos, imposible, que caigan los que deben caer. De ese modo purgan penas: tías, amigas y chofer, que aprendan lo que es la ley. Ahora nos dedicaremos a cosas más importantes, el reloj, el calendario, y que nunca, jamás, nos falten los estadios. 

La mala hora está pasando, la justicia, que es tan justa, ya puso las cosas en su lugar. La malvada está en la cárcel, los inocentes en el cementerio, el rey de corazones reina en las fronteras, el chino se hace al sueco y el mero mero, como Pilatos, dice que tiene limpias las manos. 

Que suenen las trompetas, que gima el acordeón, templando están las guitarras, para cantar esta canción. Señoras y señores, les pido su atención, para esta historia afligida que revuelve tripas y corazón (estribillo).

Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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