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Ecología, andares y tensiones

Ecología, andares y tensiones
 Llegamos cerca a las nueve de la mañana y paramos frente a la cancha de fútbol, que sería una cancha clásica, como en la mayoría de las comunidades indígenas campesinas de tierras bajas, si (primera sorpresa) no estuviera rodeada de luminarias. Todo es silencio y la comunidad parece desierta, pero es una falsa impresión, porque en pocos minutos resuenan los alegres tañidos de la campana de la escuela, y en un santiamén nos vemos rodeados por un movimiento de hormiguero: niños que corren, ciclistas cargando pencas de plátano, la infaltable tamborita y mujeres y hombres invitándonos a pasar al amplio centro comunal.

 La Estrella es una comunidad del pueblo chiquitano, en la provincia Velasco de Santa Cruz. En los últimos 20 años consiguió un colegio para la secundaria, luz y un camino amplio. También aceptó, y vio instalarse, una comunidad vecina de migrantes del altiplano. Ambas poblaciones comparten territorio, esfuerzos y expectativas: producir para su consumo y para el mercado; educación y trabajo para sus hijos; servicios buenos y cercanos; que no falte comida, deporte y, de vez en cuando, una buena fiesta. Pero, tienen una forma diferente de trabajar sus tierras, y ya comenzaron las tensiones.

 Esta historia continuará… Mientras tanto, ¿qué les dice la ecología a las mujeres y hombres de estas comunidades? Mientras ellos enfrentan en el día a día el reto de producir, e intentar vender sus productos, en una tierra rica, pero siempre escasa, deseada y presionada por los intereses de muchos. ¿Es suficiente tener buenas intenciones para desarrollar "el buen vivir”?

 El término ecología tiene una vida mucho más larga que la de la comunidad la Estrella, fue utilizado, por primera vez, por el zoólogo alemán Ernst Haeckel en 1869 y bebe de la biología, geología y otras ciencias. Recién en el siglo XX comenzó una difusión masiva de publicaciones que añadían interpretaciones y la ampliación de su alcance. Por ejemplo, el ecólogo inglés Charles Elton definió la ecología como la "historia natural científica” que se ocupa de la "sociología y economía de los animales”. 

Un norteamericano especialista en ecología vegetal, Frederick Clements, consideraba que la ecología era "la ciencia de la comunidad”, y el ecólogo norteamericano contemporáneo Eugene Odum la ha definido, quizá demasiado ampliamente, como "el estudio de la estructura y función de la naturaleza (…)”. 

En la década del 40, Tansley (1935) propuso el concepto de "ecosistema”. Este término fue posteriormente desarrollado por Lindeman (1941), quien lo concibió desde los intercambios de energía, atendiendo a la necesidad de conceptos que vinculen diversos organismos a sus ambientes físicos.
 
(http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ayudadetareas/ciencias/historia_de_la_ecologia).  

 A través del tiempo, la noción de ecología ha ido ganando múltiples "apellidos” que visualizan su amplitud, síntesis e integralidad con lo que se conecta con ciencias de los ámbitos de la naturaleza y de la sociedad. Así lo muestra la historiadora Andrea Wulf, con el ambicioso título de La invención de la naturaleza, en su biografía del visionario naturalista alemán Alexander von Humboldt. 

 Si los estudiosos de la naturaleza nos muestran la fascinación por los entornos ancestrales, quienes estudian el desarrollo nos están planteando los agudos dilemas entre conservar y producir, por cierto, tensiones de ahora y de antes. Yo insisto, sin embargo, que no debe ser sólo un tema de debate entre investigadores ni de ejercicio de poder, sino un punto fundamental de consulta y de agenda ciudadana, con quienes están con los pies en la tierra, verbigracia, las mujeres y hombres de La Estrella, y su reciente vecindad, claro. 

Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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