La Paz, Bolivia

Martes 25 de Julio | 16:52 hs

Recuerde explorar nuestro archivo de noticias
Resolana

La fila del dolor

La fila del dolor
Bajo la luz mortecina del reciente amanecer todas las personas parecen pálidas, cansadas y mal dormidas. Es como si esa luz tiñera los rostros en lugar de iluminarlos, algo que, por cierto, tampoco hace la raquítica lumbre de los focos desnudos, colgados tan arriba que apenas tienen sombra. Todas las filas tempraneras son incómodas, pero ésta, además, es triste, porque es la fila del dolor. 

La enfermera que está registrando a los pacientes ¡nunca tan bien dicho!, trae, como los de la fila, cara de mal sueño… y eso no ayuda. -Creo que no apagué la olla de la sopa, ojalá a alguien se le ocurra mirar o que mi mami se dé una vueltita por mi casa. ¿Los chicos habrán llegado a tiempo a clases? ¿Les alcanzó para tomar desayuno, aunque sea se habrán llevado un pancito? Cuando tengo turno temprano no los llego a organizar…-.

Doña Elenita es una presencia habitual, la vida dura y los achaques de 80 años que lleva a cuestas la remiten cada cierto tiempo a la fila del hospital. El mes pasado fue el dolor insoportable en las rodillas y la espalda - ¿De qué se queja, abuela? Al menos puede caminar-. -Pero sufriendo hijita, cada paso es un estirón-.

Adela busca un pedazo de pared para apoyar la cadera en busca de un punto de apoyo para aligerarle el peso a las piernas hinchadas. Tantos años trabajando de pie no pasan en vano. ¿Querrá siempre operarme de las várices el doctor, como me dijo el otro día? ¿Cuánto será eso? Mi cuñada me dijo que te operan, pero no te dan los remedios, hay que comprarlos afuera…

La enfermera busca con pachorra el folder del nuevo día, lo rotula con la punta gruesa de un marcador rojo, cuenta cansinamente las fichas y abre la ventanilla con un golpe seco. Pase la primera de la fila… - ¿Otra vez doña Elenita? Usted sí que madruga-. A mi edad se duerme poco señorita, al menos que me sirva para estar primera en la fila-. 

El parlante colgado en una esquina carraspea antes de soltar su mensaje. Se comunica a las y los pacientes que hoy día sólo se entregarán cinco fichas para ginecología, los doctores están en un congreso y sólo queda uno en la guardia. El parlante es sólo una voz metálica, apenas inteligible… no puede ver la preocupación de los rostros ni contestar a las quejas mudas que podrían sonar a maldiciones.

¿Qué voy a hacer si no me toca? En la oficina ya no me creerán si tengo que volver. El jefe me mira con cara de "ésta se inventa cada cuento”, y yo haciendo piruetas para que mi marido no se entere que estoy haciéndome poner una espiral… si se entera se arma la grande, pero no soportaría otro embarazo. Eliana se muerde las uñas mientras cambia el peso de un pie a otro. Apenas son las siete y ya los tacos comienzan la tortura.

Mientras la fila va deshilachándose a cuenta gotas, la enfermera toma un sorbo del café tibio y pasado de azúcar que la del refrigerio le dejó una hora antes. Sabe que tiene que dar la mala noticia de que las fichas se acabaron, mientras la fila está por la mitad. - ¿A quién hago pasar de contrabando, a la viejita achacosa, a la oficinista preocupada o a esa pobre mujer con las piernas tan hinchadas? ¡Y no pude llamar a la casa aún, ¡Dios mío, que la cocina no se haya incendiado! -. 

Mientras las mujeres que esperan y la que atiende miden el tiempo y sus fuerzas, la mañana se instala, rotunda, con su ajetreo de cada día, se escuchan pasos apresurados y puertas azotadas, y el parlante vuelve a carraspear: -Doctora Fuentes, se la requiere en emergencias. Se comunica a los pacientes que estará cerrada la puerta principal…  

Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.

47
0
Comentarios

También te puede interesar: