La Paz, Bolivia

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Cecilia Lanza Lobo
Crónicas de la india María

Enconos millonarios

Enconos millonarios
Los últimos sucesos -soldados heridos en tareas de erradicación al borde izquierdo del parque Isiboro Sécure, como prueba de la extensión de los cultivos ilegales de coca de destino incierto- me han devuelto un tema pendiente aparentemente desvinculado del asunto. No sé, sólo malpienso. Y es que no encuentro, hasta ahora, otra razón que justifique la utilidad del mega aeropuerto chapareño que no sea el encono del presidente Evo. Porque las razones oficiales no se sostienen. 
 
 Un aeropuerto de 36 millones de dólares en medio de la selva en el trópico cochabambino, no se entiende. Mientras Potosí reclama el suyo como eterna cantaleta para sus más de 800 mil habitantes y un turismo considerable y no lo logra ("Con 50 millones de dólares yo haría cuatro o tres aeropuertos grandes, internacionales. Tampoco podemos malgastar y lamento mucho que Potosí no tenga un lugar estratégico para un aeropuerto”, dijo el Presidente) Chimoré, con 21 mil almas,  ostenta el aeropuerto más grande del país, con una pista tan larga como la de El Alto, para dos millones de viajeros al año, y más grande que la de Viru Viru, en Santa Cruz, que atiende a tres millones viajeros. 
 
 El del Chapare -ya digo- está incrustado en la jungla y ha sido construido para recibir aviones de hasta 416 pasajeros o aparatos aún más grandes y, por supuesto, gigantes cargueros, con una terminal donde podría caber el pueblo entero. Personas sensatas claro, que por supuesto prefieren movilizarse por tierra, a sólo dos horas y media de la ciudad más cercana, Cochabamba, por 35 bolivianos el pasaje en minibús.
 
 No, no se entiende. Un aeropuerto en una región antes paradisíaca y llena de frutales, hoy dominada por la producción de coca-cocaína, que a casi un año de haber sido inaugurado está vacío, sin luz ni agua, y que hasta ahora sólo ha servido para que aterrice el avión presidencial, aviones militares, dos delegaciones para la Copa Estado Plurinacional y un invitado internacional, Pepe Mujica. Esito sería. 
 
 Un aeropuerto millonario para los afanes del Gobierno, opulento e inútil, construido sobre una expista hecha por los gringos en tiempos de la DEA para la lucha contra el narcotráfico -ojo-, no puede sino ser un desquite del presidente de los cocaleros que en 2008 expulsó a la DEA y ahora, caprichoso, marca su territorio: "Ninguna aeronave norteamericana aterrizará en la terminal aeroportuaria que el Gobierno empezará a construir, en el trópico de Cochabamba”, dijo en 2011.  
 
 Ninguno de los argumentos del Gobierno, por lo menos hasta hoy, ha funcionado. Ni el impulso al turismo, ni a las exportaciones del desarrollo alternativo, ni, por supuesto, el transporte de úrea, cuya planta de más de 800 millones de dólares debió instalarse en la frontera con Brasil, pero se lo hizo igual que su hermano gemelo, el soberano aeropuerto de Chimoré y ahora tendrán que construir (¡ay!) un tren millonario de apellido Zapata para llegar a su mayor mercado que ni está asegurado. ¿No era para eso que construyeron el aeropuerto?
 
 Las aerolíneas estatales, por su parte, siguen "pensando” abrir esa ruta, pero no encuentran pasajeros; las empresas privadas los tienen identificados y: no, no hay interesados en ir al Chapare en avión porque la aventura comienza por tierra, en la hermosa ruta hacia el trópico. Pero ni así, porque la oferta hotelera es modesta: sólo 10 camas VIP que pagarían los gringos que Evo no quiere ver, pero, sobre todo, porque el Chapare es "zona roja” ¡Ups! 
 
 ¿Más? Las exportaciones del Chapare salen por tierra sí o sí. Los empresarios descartan el avión: no podrían competir. La vía aérea para las exportaciones nacionales representa el 0,15% de todas las vías de transporte utilizadas (ductos, tierra, tren, agua, aire, en ese orden). En todo caso, entre plátano y palmito -los mayores representantes del desarrollo alternativo- generan juntos 50 millones de dólares año, mientras que el narco, reconocido por el propio Gobiernoda entre 300 y 700 millones. Eso sí, va viento en popa como en tiempos de la dictadura, cuando del Chapare salía cocaína en aviones oficiales.
 
 Zona roja. Esa misma razón ha impedido cumplir la promesa presidencial de hacer de aquél un aeropuerto internacional. Nadie sabe pa-ra-qué. Lo único claro es que la zona roja está que arde y que el encono es cosa seria. No sólo desata tempestades, sino que despilfarra y finalmente malversa millones. El encono cuesta caro.

Cecilia Lanza Lobo es periodista.
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