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Cecilia Lanza Lobo
Crónicas de la india María

Idiotas culturales (o Un país bajo riego)

Idiotas culturales (o Un país bajo riego)

Cecilia Lanza Lobo

Llueven maravillas. Mejor dicho, llovían hace no mucho, aunque de rato en rato sea necesario sostener la patraña y hacer llover un par de millones, por ejemplo, en Orinoca, donde el presidente Evo o sus feligreses erigieron un museo en su honor: el Museo de la Revolución Pluritutti al que acaban de transferirle otros dos millones de los 41 que costará. Mientras tanto, el resto del país se ahoga en ese diluvio de maravillas que no son sino las que inventa el gobierno y nos entrega como espejitos a los indios.
 
 Y los indios somos todos. "Idiotas culturales”. Nombre y apellido le puso Félix Patzi al modo en que el gobierno parece tratar no sólo a los indígenas, sino a todos los bolivianos. Patzi apeló a ese cuestionado concepto sociológico (etnometodológico) de Garfinkel que en buen cristiano significa lo que todos entendemos: que el actor –nosotros-, tenemos como única posibilidad actuar según lo establecido, sin criterio alguno, es decir, como idiotas. 
 
 Patzi se refería específicamente a García Linera que, cual cuentacuentos de terror, en enero de este año, en una comunidad del Altiplano dijo que si n(o votaban por) Evo "a las wawas les van a quitar todo y no va a haber destino. Va a haber llanto y el sol se va a esconder, la luna se va a escapar y todo va a ser tristeza”. "¡Eso ya es insultar al pueblo!”, dijo entonces molesto el Gobernador, que fue la primera autoridad que se animó a soltar esa pepa que todos teníamos atorada: que el gobierno, cuyo Vocero Para Asuntos Idiota-Culturales VAIC es García Linera, nos trata a todos como a subnormales.
 
 Una actitud idiota-sociológica que en manos de un sociólogo y medio liderando la oficina presidencial, Juan Ramón Quintana y Álvaro García Linera –dígame licenciado-, se ha vuelto idiota-política y ha empapado al gobierno entero: ministros, viceministros, jefes, directores y todo el ramillete burocrático gubernamental que se ha creído el cuento del cuentacuentos y más: ellos mismos han sido primero idiotas culturales para luego concebir al ciudadano como tal, contándole –contándonos- el cuento.
 
 Así, los "idiotas culturales” oficiales nos dijeron –pajpacos- que el satélite Túpac Katari nos llevaría por fin a la era espiripitifláutica, que la Planta de Litio nos haría el país más rico del mundo, que el gas no se haría gas, que teníamos las mayores reservas monetarias de la región, que el aeropuerto del Chapare exportaría plátano y palmito (risas), que la Planta de Urea sumaría millones, que la Planta Nuclear no es lo que dicen unos cuantos gatos imperialistas, que la represa de El Bala venderá electricidad al pueblo de Pedro Picapiedra y nos sacará de apuros, que el Fondo Indígena era mentirita y ahora sí harán uno a prueba de robos. 
 
 Y ésta, que no me parece nada graciosa –ninguna lo es-: que el año 2016 se iniciaría en Bolivia "la década del riego”. Parece un chiste. O quizás sea un genuino deseo: "ojalá que llueva café en el campo”. El caso es que se previó una inversión de 3.600 millones dólares para intentar ampliar las apenas 360 mil hectáreas actualmente bajo riego en el país (menos del 8% del total de 3,8 millones sembradas). Es decir, una promesa que jode como el cuento del tío cuyo drama, sin embargo, es otro: el drama radica en que toda esta lluvia de maravillas es anunciada por sus propios responsables, claro, que se la creen. El señor del riego, responsable del área del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, es buen tipo, en serio. Y anunció tal cosa genuinamente, es más, confiado y contento. "En cumplimiento de la Agenda Patriótica”, dijo sonriente. Digo yo: ¿se creyó el cuento él también? ¿Es entonces un idiota cultural como nosotros?
 
 Por lo tanto, pregunto: ¿quién es el cuentacuentos del gobierno? Y ya que su habilidad ha sido por demás probada ¿será la oficina del VAIC la encargada? Qué paradoja. García Linera ha confesado que subestima a la literatura que crea mundos y construye nuestros imaginarios, y, sin embargo, nadie mejor que él para construir el imaginario del país a su medida, la medida de un pajpaco que nos embauca con vidrios de colores. Porque una cosa es crear mundos; otra cosa es creerse dueño del mundo. Eso sí es de idiotas.

Cecilia Lanza Lobo es periodista.
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