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La cabeza del avestruz

La cabeza del avestruz
No es cierto que el avestruz oculte la cabeza bajo la tierra ante el peligro, sino porque anda buscando quién sabe qué. Precisamente por eso resulta una buena fotografía para entender lo que las empresas privadas anunciantes están haciendo ante la crisis económica de los medios de comunicación independientes: hacerse a las desentendidas.

 No, no ponemos anuncios, ninguna campaña. Perfil bajo. Se refiere a Página Siete y es un altísimo gerente de una importante telefónica que cuenta así -el gesto un tanto lastimero, otro tanto de ni qué hacerle- cómo la empresa en cuestión decidió reducir a cero su presupuesto publicitario en los medios independientes. ¿Por qué? Uhhh… nos han mandado a Impuestos Internos, nos han pedido auditorías, nos han mandado gente del Ministerio de Trabajo… -
 comienza el cuento conocido y repetido aquí y allá-. Cierto. La asfixia del Gobierno a los medios independientes es a dos manos: ni les pone publicidad ni deja que las empresas privadas lo hagan so pena de amedrentamiento. El Gobierno tiene al avestruz de los cojones.

 El Gobierno es de lejos el mayor anunciante. Y no hablamos de comunicación relativa a información útil y necesaria para los ciudadanos como podrían ser campañas de salud, nuevos servicios, cuestiones de derechos, o emergencias eventuales. No. Se trata de mera propaganda disfrazada de información. Una suerte de laburo selfie como en el Facebook: un spot por cada (…) que se tiran. Gol a gol de su Excelencia, ministerio a ministerio, obra a obra, aunque se caiga a pedazos. Venden el trabajo por el que se les paga. Qué tal. Una estafa ostentada épica y públicamente al calor de los aplausos de las mas-as.

 El presupuesto del Ministerio de Comunicación para este año ha sido de 489.603.516 bolivianos (de 367.103.516 presupuestados inicialmente, dicho sea de paso, 33,4% más). Repito:
 
cuatrocientos ochenta y nueve mil millones... Cerca de 70 millones de dólares. Es decir: cinco hospitales de tercer nivel, cuatro mil equipos para hemodiálisis, nueve puentes como los Trillizos, cinco ministerios de Economía, cien escuelas, un aeropuerto. Y así. 

 Quiero decir: miles de millones que podrían servir a decenas de hospitales en el país que tienen a los pacientes en los pasillos, llorando su dolor por falta de insumos, de camas, de operaciones que no se pueden realizar por falta de recursos. La gente se muere y al Gobierno le importa un bledo. Porque en vez de atender aquellas urgencias, opta por despilfarrar nuestro dinero no sólo en alfombras persas, sino en transferencias de recursos "publicitarios” a su gente acomodada en distintos medios oficialistas y a comprar adhesiones o silencios de aquellos medio-afines, medio-autocensurados. Cuatrocientos ochenta y nueve mil millones… que la ministra Paco no quiere decir cómo los reparte.

 Estos han sido, qué duda cabe, tiempos de vacas gordas para los medios próximos o aproximados al Gobierno, pues no sólo se han beneficiado y bienvivido de la manga del Estado (YPFB, ENTEL, Ministerio de Comunicación y demás ministerios y empresas estatales), sino también de las empresas privadas anunciantes que, acobardadas, han escogido el camino del avestruz: anunciar allí y no allá donde el Gobierno no quiere los medios independientes. Una movida-salvavidas egoísta comprensible, pero sin duda dañina para el país, para la democracia. Porque sin pluralidad de información, de voces y criterios, sin crítica ni fiscalización de la función pública, la calidad de la democracia se deteriora. 

 ¿Cuál es la responsabilidad de la empresa privada en la asfixia de los medios de comunicación independientes? Los medios independientes son fundamentales para la salud de la democracia y hoy están en agonía, valientemente sobreviviendo mientras las empresas privadas anunciantes se hacen las desentendidas. Pero si éstas han soportado ya el paso de todo el escuadrón gubernamental amedrentador ¿a qué le temen? Sólo quien tenga cola de paja podrá esconderse como el avestruz, sino ¿por qué? ¿a qué le llaman "Responsabilidad Social Empresarial”?. Yo diría que ésta no es sino con el país y la democracia. Si no, es mera cobardía.
 
Cecilia Lanza Lobo es periodista.
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