La Paz, Bolivia

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Cecilia Lanza Lobo
Crónicas de la india María

¿Dónde está la wawa?

¿Dónde está la wawa?
Medio día en Cochabamba, varias mujeres en círculo mueven el cuerpo, bailan, gozan cantando: Lero, lero, lero, ¡zas! Zapata, ¡zas! Zapata, ¿dónde está la plataaaa? Lero, lero, lero, ¡zas! Zapata, ¡zas! Zapata, ¿dónde está la wawaaaa? Son maestras de escuelas urbanas y se manifiestan así en alguna protesta cualquiera haya sido el motivo. Porque el motivo era y es, sobre todo, el malestar latente por un asunto demasiado importante que ha quedado pendiente como pepa atorada en la garganta del país. Un asunto grave, denunciado por estas mujeres al modo de la sátira, con canto que atenúa al mismo tiempo que prueba cuán conscientes estamos de que ese asunto no está enterrado como desearía el Gobierno. Está vivo y espera respuesta: ¿Dónde está la plata? ¿dónde está la wawa?
 
 No, no te canses. No es volver con la misma cantaleta de un tema anacrónico, no. Eso es justamente lo que el Gobierno quiere que pienses. Que esta es, fue, una telenovela; que este es, fue, un asunto menor, ya superado, ya enterrado. Porque el Gobierno de Evo Morales quiere quitarse ese bulto de encima y ni él puede, ni tú ni yo lo vamos a dejar aún después de meses. Porque ¿cómo podría enterrarse el hecho de que la madre de un hijo del Presidente sostenga millonarios contratos con el Estado y aquí no pase nada? 
 
¿Cómo podría enterrarse el hecho de que ésta haya utilizado para sus fines oficinas del propio Estado y aquí no pase nada? ¿Cómo podría enterrarse el hecho de que ministros de Estado hayan firmado esos contratos sin el visto bueno del Presidente, que no sabía que su expareja manejaba aquellos negocios, y aquí no pase nada? Todos esos son hechos probados por el propio Ministerio Público y todas esas son algunas de las muchas preguntas sin respuesta que precisamente por ser demasiadas han contribuido al éxito de los malabares gubernamentales en su intento por atajar las piruetas de un caso sobradamente corrupto. 
 
 Por eso vale la pena despejar la maraña y hacer caso al canto de las maestras danzarinas. Sólo dos preguntas: ¿Dónde está la plata? y ¿dónde está la wawa? La primera es tan atinada como inútil. Es la pregunta que a pesar del riesgo –como quien elige entre lanzarse por la ventana o arder en las llamas del incendio- los sepultureros del Gobierno han preferido malabarear. Cual muñeca de trapo, han zarandeado a la señora pilla hasta lavarse las manos incluso manchadas de tinta, pues ahora se han tomado el trabajo de escribir libros –escribir es un decir-, refrescando la memoria que quieren olvidar –vaya paradoja-.
 
 Atinada porque claro que es importante saber a qué bolsillos fue a dar el dinero de los bolivianos, además de la obviedad de mirar la ostentación de la señora Zapata. Inútil porque está claro que no será en este gobierno cuando, aún destapada la olla, se juzgue a los corruptos. Tendríamos que ser, por lo menos, Brasil. 
 
 La segunda pregunta es muy seria: ¿dónde está la wawa? 
 
Recuerdo la vez que murió el nieto de la señora que trabajaba en mi casa. Un niño de meses, cuya madre lo había dejado unos minutos solo, gateando en su casa, se metió en la bañera y se ahogó. Probado el accidente, el hospital llamó a la FELCC porque toda muerte –sus causas- debe ser investigada o simplemente registrada. Así manda la ley. La muerte del niño X, de la señora X, fue investigada.
 
 ¿Investigó alguien la muerte del hijo del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia? Hijo reconocido legal y públicamente por el propio Presidente Evo Morales. No. ¿Por qué?
 
 Se creyó que la existencia del niño probaría, en principio, el vínculo del mandatario con la señora Zapata, lo cual probaría, a su vez, el tráfico de influencias, delito mayor que afectaría muy gravemente al Presidente. Desaparecido el niño –muerto- Morales se libraría de pena y culpa. Resulta que, con o sin hijo, la relación con Zapata la probó él mismo (y aquí no pasó nada). Pero si el niño viviese, la relación entre ambos sería inevitablemente vigente, lo cual dificultaría el entierro del presunto delito. He ahí el asunto. Entonces, chau niño.  
 
 ¿Dónde está? ¿Dónde está el hijo (muerto) del Presidente Evo Morales? En un país de desaparecidos que el Estado se niega a buscar, parece negarse también a encontrar al hijo del Presidente Morales.
 
Cecilia Lanza Lobo es periodista.
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