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Cecilia Lanza Lobo

Si me matan, qué dirán de mí

Si me matan, qué dirán de mí
Si te matan, qué dirán de ti. Las mataron y la manada social que somos, esa que ha hecho de la violencia hacia la mujer parte del aire pestilente que respiramos, saca a flote lo aprendido. Que era borracha. Que andaba sola. Que era madre soltera. Que era drogadicta. Que era feminista. Mala. Que usaba falda. Que le gustaba bailar. Coqueta. Que se peleó con su chico. Que era floja. Que era divorciada. Que era atea. Problemática. Que era lesbiana. Tenía amante. Loca. 
 
Como el almidón que empapa la tela y la moldea, tiesa, es la violencia hacia la mujer. Está legitimada, asumida, tragada, a pesar de nuestra indigestión. La he vivido en carne y hueso muchas veces, igual que tú, tan naturalmente que el miedo del momento pasó por el cuerpo como una papa atorada que poco a poco se diluye. Todavía recuerdo una noche en mi adolescencia cuando, sola al volante, paré ante la presencia de policías que pedían la licencia de conducir. 
 
Todo en regla, incluida la medianoche para una manada de machos munidos de ese poder uniformado que comenzó el acoso sutil con silbidos y bisbiseos. Nada más, nada menos. Pero suficiente -para no hacerte huir de esta lectura que en millones de versiones la tienes todos los días hasta -casi- el hartazgo- como muestra de vida cotidiana, de miedo cotidiano, de nosotras las mujeres.
 
 Ayer nomás veíamos una premiada película de jóvenes marginales de la sociedad americana, aventureros sin nada que perder, cuya sinopsis habla de sexo, drogas y rock and roll (American honey), y nosotras la mirábamos cual película de terror, con el Jesús en la boca cada que la protagonista, arrojada como ninguna, jovencita como las de hoy que se viste con un par de trapitos, en su afán de vender revistas montaba sola camiones y autos con jaurías de hombres sospechosos adentro. No le pasó nada -casi- pero si la hubiesen violado/matado ¿qué habrían dicho de ella? ¿que andaba semidesnuda, provocando? ¿que quién la manda a estar de camión en camión, sola? 
 
Y es que por muy racionalizado que esté el asunto o por muy empoderadas que quisiéramos estar, tenemos el temor clavado como grapa aunque sólo sea por si acaso. Vivimos alertas, miedosas, sospechando. 
 
Cómo no van a rebalsar motivos si todos, toditos los malditos días conocemos de un nuevo crimen, un nuevo abuso que queda impune, echado a la bolsa de las cifras oficiales que maquillan lo suyo apuntando a la víctima: #SiMeMatanQueDiránDeMí.
 
 "Era alcohólica y mala estudiante; estaba drogándose con unos amigos; se había ido de casa y vivía en concubinato con su novio”. Eso dijeron de Lesby Berlín, de 22 años, en México, cuando fue encontrada ahorcada en el campus universitario. De allí las protestas en la redes preguntando qué dirán de nosotras si nos matan. 
 
 Pues no la mataron pero por si acaso, de C. Rivas, "señorita El Alto”, novia de un policía celoso según relata su madre, que denunció haber sido secuestrada y apareció golpeada, la Policía deslizó que las lesiones se las provocó ella misma y que le harán una evaluación psicológica. Dijeron-Que-Está-Loca. 
 
 ¿Cuántas muertas más tendrán que haber? ¿cuál será la medida del colmo para el Estado? ¿qué bomba nuclear tendrá que caernos a las mujeres, tan potente que les toque a ellos para que se miren a sí mismos y dejen de apuntar a la víctima como viga en el ojo propio? No sé. Sólo creo que acabar con la impunidad puede ayudar, acabar con el permiso que otorga a los victimarios el discurso del propio Estado que de boca para afuera dicta leyes y discursea convenientemente pero en los hechos legitima las más sutiles y las más terribles aberraciones.
 
 Tengo ganas de agarrar esa tela almidonada y ponerla bajo el agua para que la mezcla que la empapa, esa costra de abusos machistas naturalizados se desprenda, se vaya lejos por el caño de la historia. Por favor no te canses, no dejes que el espanto ahogue tu asombro; no te calles porque esa será la muerte más rotunda y entonces qué dirán de nosotras si nos matan la palabra. 

Cecilia Lanza Lobo es periodista.

 

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