La Paz, Bolivia

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Cecilia Lanza Lobo
Crónicas de la india María

Las historias pequeñitas

Las historias pequeñitas
El cuerpo de la mujer quedó atrapado entre las rocas del río Grande, destrozado por los pescados. Lo jalaron hasta la orilla como pudieron, luchando contra las aguas cuya corriente seguía su camino como oír tronar. Llovía y llovía. Su rescate fue imposible pues caía la noche y tuvieron que regresar al campamento sin el cuerpo. Esa noche supieron que aquel no era un cuerpo cualquiera, que su vida misma dependía de aquella carne y esos huesos maltrechos abandonados a su suerte. Eran tan jóvenes que no sabían que la victoria política de una guerra, por diminuta que fuera, tiene sus muertos inmortales y a esos hay que matarlos en serio.

 Al día siguiente volvieron al río presurosos, temiendo que las aguas de una noche de diluvio hubieran arrastrado a esa muerta de la que dependían sus vidas. Tuvieron suerte. Rescataron el cuerpo y una mochila que adentro tenía: "2 películas 35 mm con dos papeles cifrados;
correspondencia firmada por Isabel; papel para captar radios; cuadernillo; boleto de ferrocarril; factura de garaje Imperial; pasaporte; poder de divorcio; carnet de identidad; libreta de apuntes; factura de Toyota Ltda., 10 cheques de viajero; fotografía de Los Cantores del Alba; receta en blanco del profesor Amadeo Rodolfo Cirolli; cinta magnetofónica Phillips; carta a Edith Vargas; diccionario moderno de aymará y quechua; mitad de una revista; carta al señor Cónsul Cesar Fabián y Vargas; testimonio sobre jeep Toyota; certificado de solvencia tributaria; carta del Ministro de Educación; detalle de las muestras artesanales; tres copias del Director del Museo de Artesanos; carta de la ciudad de Buenos Aires.

 Recibo del Banco Americano; papel de materiales para esmaltes; tarjeta para Carlos Durán Cornejo; documento de contrato de anticrético; carnet de agente suscrito autorizado; papel para el señor Julián; tres hojas de la Dirección Nacional de Antropología; diario del 23 de julio; certificado de vacunación; carta del señor Osvaldo Nieves; y una escuadra geométrica de plástico”. Era 7 de septiembre de 1967 y ese era el cuerpo y la mochila de Tania, la guerrillera. El hombre que comandó aquella misión anotó minuciosamente esos objetos y documentos en un inventario, al mismo tiempo que escribía su diario de campaña publicado 34 años después como "Crónicas de un soldado. Cuando nos enfrentamos al Che” (Gral. Eduardo Galindo G.)
 ¿Qué material contendrían esas películas? ¿qué información revelarían esas cintas, esas cartas, esos nombres? ¿por qué no habría entre esas pertenencias ropa interior, cepillo de dientes, aspirina, algún dulce? ¿qué importancia podría tener un certificado de vacunación o una escuadra geométrica? Ninguna si la tierra o el agua, la indiferencia, la negligencia o quien sabe el miedo, o el tiempo y el polvo los enterrasen. 

 Por fortuna tarde o temprano llega la voz o la pluma como la brocha del antropólogo, y recoge con esmero objetos, recuerdos, papelitos y papeles, historias diminutas, insignificantes acaso, domésticas incluso, que son las que escriben la historia desde las entrañas. Para saber, por ejemplo, que en esa mochila no había vituallas porque Tania no debía estar allí y dejó una agenda en el jeep Toyota porque pensó que regresaría y que los soldados encontraron y supieron que la guerrilla estaba allí. Entonces Tania se tapaba la cara con ganas de llorar cuando en medio del monte el Che furioso olía al enemigo renegando de tal estupidez. 

 Pronto cayó el Che y su cuerpo inmortalizado. Y con él su diario, esa suerte de documento grande. En cambio, hablo yo de aquella mochila y su rescatista; de esas historias pequeñitas que cambian nuestra percepción de la historia y nos hacen llorar. Tania, su cuerpo mojado, su mochila para la historia y una mano que escribe.

Cecilia Lanza Lobo es periodista.
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