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Drina Ergueta

30 años después

30 años después

A veces las experiencias personales, aunque aparentemente banales, son reveladoras. Vivir un reencuentro de compañeras de curso de colegio puede resultar bastante interesante.

Suelen mostrarse a las fiestas de exalumnos como una ocasión para comparar egos, revivir rencillas e inventar venganzas, tema típico de capítulo de serie televisiva, y si se trata de una reunión de solamente exalumnas surgen otros tópicos sobre las mujeres y sobre la relación entre ellas.

Que entre mujeres hay una competencia que las enfrenta a garras y dientes, que las amistades son tortuosas, que los temas de conversación son sobre frivolidades, que los hombres son meta de vida y la ropa un objetivo inmediato… son tópicos que a los 16 años de edad podrían ser válidos en algunos casos y por razones sociales que los explican, pero que no pueden aplicarse 30 años después sin que esas apreciaciones sean las frívolas.

Estos reencuentros implican necesariamente recordar y ver con ojos de hoy aquellos años y comparar el presente, enfocarse en elementos de base como la clase y el género, además de abstraerse un poco de la música, baile y alegría que acompaña este tipo de ocasiones.

Recordar por ejemplo que una profesora solía salir del colegio a media mañana para echar con su pequeña figura y gran carácter, además de unas amenazadoras muletas, a los chicos que día a día iban a rondar a sus jovencísimas alumnas de buena familia. Estos chicos, generalmente de colegios sólo para varones podrían distraerlas del camino de la "ciencia" y de la "virtud".

Treinta años han pasado desde entonces. Hoy ya no es un colegio sólo para señoritas y éstas, por supuesto, ya no son las mismas. Casi. La pertenencia, en este caso, a una clase social acomodada y con lazos y formas de vida comunes sigue, más o menos, presente.

Hace tres décadas, la educación en un colegio de señoritas hacía más incidencia en la cultura general y parecía ser menos exigente en materias duras, como matemáticas, física o química, que en colegios de varones. Aún hoy, impulsar a mujeres a estudiar este tipo de materias a nivel universitario no es común y a eso se suma que, quien llega a ser profesional, tiene la dificultad de deber conciliar su actividad laboral con la de los cuidados de hijos y el hogar, lo que le dificulta el desarrollo de su carrera.

Así como alguna podía hallar la forma de escabullirse con el novio y no prestar mucha importancia a eso de la virtud, algunas se saltaron algunas otras convenciones sociales, se afirmaron como profesionales y destacan hoy en territorios tradicionalmente de varones.

Dentro de las aulas generalmente no se hablaba de diferencias o desigualdades de género, ni de los derechos de las mujeres y la forma de entender el amor era el que se conoce como amor romántico. Hoy en general, como en toda la sociedad actual, este tipo de amor sigue presente. 30 años después de dejar el colegio, si bien algunas mantienen matrimonios aparentemente felices y otras han pasado por divorcios y experiencias, la relación de pareja es vista de otra forma y hoy el "cuidarse a sí mismas" en el amor toma mucha mayor importancia.

Es que el hecho de haber sido parte de un colegio de señoritas de buena familia, no implica que en un reencuentro a donde asistieron 40 (ex) chicas no se revelen también situaciones de violencia machista, de casos próximos de feminicidios, de experiencias de salir adelante solas con los hijos.

No se espera que en un encuentro de exalumnas se hable de estos asuntos, pero el hecho de que surjan en conversaciones muestra que es un asunto socialmente latente y que es además transversal, aunque, por supuesto, en la ocasión lo que primó es la fiesta, las bromas y las ganas de pasar una buena velada, además de romperse algunos tópicos respecto a estos encuentros y a las relaciones de amistad entre mujeres.

Drina Ergueta es periodista.

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