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El hijo feminicida

El hijo feminicida
¿Cómo puede ser posible que un hijo bien querido, de familia estable y reconocida, educado moral y profesionalmente pueda ser feminicida? Para muchos esta unidad de antecedentes lo inhabilita como posible delincuente, pero hay que tomar en cuenta otros factores, los sociales.

Si se hace el ejercicio de modificar el término feminicida por otro, podría ser más fácil de aceptar como posibilidad. Por ejemplo, si se plantea que pueda ser racista, especialmente quien es indígena o persona de piel oscura seguramente dirá que es posible; si se cambia feminicida por socialmente insensible, mucha gente despedida sin miramientos de sus empleos por una reestructuración empresarial dirá que es posible; si se modifica feminicida por ladrón de cuello blanco, los cientos de personas que cumplen penas por ser pobres y gente de la calle que cada día lee en los diarios dirán que es posible; si se cambia por homófobo, especialmente quien es gay o lesbiana lo firmaría.  

En el mundo hay racismo y en Bolivia también, por eso se hicieron leyes para contrarrestarlo y todavía hay quien no acepta codearse con gente de otro tono de piel y costumbres. Por otra parte, en espacios empresariales y hasta académicos se considera eficiente tener insensibilidad social, por eso hay leyes laborales que en parte frenan esa tendencia del sistema económico. La lucha por el derecho de las personas con otras opciones sexuales de vivir dignamente es aún constante.

Es posible inclusive que una persona así, un hijo bien querido, de familia estable y reconocida, educado moral y profesionalmente pueda inclusive a la vez ser racista, socialmente insensible, un ladrón de cuello blanco, homófobo y además feminicida. Todo es posible, no porque aquí se pongan alegremente, sino porque hay condiciones sociales que favorecen a ello a pesar de las leyes existentes, ya sea porque son insuficientes o porque simplemente no llegan a cumplirse.

En general se tiene más o menos claro lo que es ser racista, empresario insensible o ladrón, no tanto lo de tener homofobia y, por lo visto en los últimos días, menos aún lo que es ser feminicida. 

Cuando se trata de un personaje generalmente sin estudios, empobrecido, con tendencia al alcoholismo y con antecedentes previos de violencia física, entonces para muchos la figura está clara. Si acaba matando a golpes o cuchilladas o martillazos a su pareja es declarado rápidamente feminicida.

Un hombre bien educado puede ser violento, eso no sale mucho a la luz pero por debajo se conoce. En parte de esa educación y moral social que se transmite se dice: "a las mujeres no se las pega” y muchos lo cumplen; sin embargo, esa misma educación y moral no habla de la igualdad entre hombres y mujeres, sino todo lo contrario, desde la casa, la escuela y a donde se mire el mensaje no explícito es: "los hombres son superiores a las mujeres”, "las mujeres son una propiedad”, "las mujeres son para usar y están para que nos sirvan a los hombres”. Es con todos estos mensajes que se construye un feminicida.

Un feminicida llega a serlo por su desprecio a las mujeres (al igual que un racista por un negro, un homófobo por un gay o un insensible social por un trabajador más) y es posible que no tenga antecedentes de violencia física, pero sí los tendrá de violencia psicológica, económica, patrimonial, etcétera.  

Un feminicida puede llegar a serlo la primera vez que ejerce violencia porque fue allí que "se le fue la mano”. No se trata necesariamente de un crimen premeditado, se trata de una intención de hacer daño, de demostrar quién manda, de hacer evidente el desprecio y acaba en muerte.

No importa de quién sea hijo, el feminicida es hijo del patriarcado. Una sanción ejemplar puede formar parte de esa otra educación y moral que hace falta y es en ello en que se debe abocar la sociedad y quienes la orientan.
 
Drina Ergueta es periodista.
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