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Drina Ergueta
Textura violeta

Dejen a niñas y niños en paz

Dejen a niñas y niños en paz
En el uso de niñas y niños para satisfacción, conveniencia y renta (personal, política, y/o económica) tienen similitudes los concursos de belleza infantil, el desfile de modas organizado por la empresa Mini Chic y la decisión del dirigente político Felipe Quispe, el Mallku, de incluir a infantes en las marchas de protesta en la sede de Gobierno.

Parece una obviedad, pero hay gente que no lo entiende y se empeña en colocar a criaturas en lugares y en roles de personas adultas, poniéndoles en riesgo, en lugar de protegerles hasta que tengan edad suficiente para que tomen sus propias decisiones. 

De hecho, hasta el advenimiento de la modernidad, con el reconocimiento de los derechos humanos y los avances en ese sentido, las criaturas eran consideradas personas pequeñas, no había diferencias salvo por el tamaño, es decir que no había la percepción de hoy de lo que es ser niño o niña, con todo lo que implica: ser una persona en proceso de formación, en aprendizaje de conocimientos y valores, con competencias aún no consolidadas y capacidades no desarrolladas, además de ser muy dependiente y con necesidad de soporte y protección material y emocional. 

Desde aquí no se critica a sectores sociales empobrecidos o en la miseria, donde las criaturas "crecen” antes de tiempo y se ven en la necesidad de ganarse la vida, éste es otro debate. Aquí se habla de personas con cierta formación y capacidad económica que, al parecer, en lo que toca a la niñez se han quedado en la Edad Media (en la cultura del mundo occidental) y actúan con niñas y niños afectándoles negativamente.

¿Qué tiene de malo un concurso de belleza infantil? Pues que sólo satisface a sus progenitores, seguramente con complejos en ese sentido; que se hace y consolida con parámetros sociales de belleza que son discriminantes; y que se introduce a las niñas (porque casi no hay concursos de niños) en esa nociva y frustrante competencia por ser "bella” como única forma de autoestima, minimizando la importancia por el intelecto o por otras capacidades.

¿Qué hace un desfile de modas que se publicita con imágenes de niñas sexualizadas? Mucho daño, al punto que es ilegal, o sea que se comete un delito y deben haber sanciones. Las niñas corren, saltan, se divierten y quieren ser felices, no van (si no se les dice que lo hagan, si no se les aplaude) posando con un trasero respingón para la foto. ¿Verdad que se vería muy mal si se pusiera así a un niño? Mal, porque inmediatamente lleva a una asociación de ideas inaceptables…
salvo que sean niñas. 

Así ellas parecen modelos mayores de edad y son niñas. Según cómo, se cuestiona la valoración positiva de ser modelo, especialmente cuando la pose está destinada a complacer a un público masculino y reproduce ideales machistas. Una  mujer mayor de edad puede explotar su cuerpo y su sexualidad, es su derecho, mientras que no esté en situación de explotación y obligación y, agrego, siempre que el ser "modelo”, en el sentido de referente, muestra o tipo, no genere ni alimente discriminaciones.

En el caso del anuncio de una nueva marcha en La Paz – aquí  no se habla de las demandas – de los combativos "ponchos rojos” de Achacachi. Ellos protagonizaron la primera oleada de protesta, luego fueron sus mujeres y se planificó que marcharán las criaturas, después sus animales. Parece que ése fuera su orden social. Usar a infantes en acciones riesgosas es inaceptable, así como es inaceptable que las mujeres adultas no estén en primera fila desde el principio, que tanto ellas, como las criaturas y las bestias sean utilizadas.

Ser niño o niña es ser maleable y la forma que se les dé les marcará por siempre. Sus progenitores son la base de esa persona en crecimiento y tienen la primera responsabilidad a nivel personal; así como también tiene responsabilidad el Estado, como administrador de los intereses de la población, y para ello establece leyes y debe hacerlas cumplir.

Se ha iniciado una campaña contra el uso de niñas en desfiles y concursos, contra su sexualización. Desde las redes sociales se ha logrado que la Defensoría de la Niñez y la Adolescencia de Santa Cruz intervenga en el caso de la empresa Mini Chic. Existe la normativa, hace falta su cumplimiento sin que medie la presión social.

Drina Ergueta es periodista.
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