La Paz, Bolivia

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Editorial

Agua: soluciones integrales

Agua: soluciones integrales
La crisis de abastecimiento de agua ha desnudado la precaria situación de la gestión de ese recurso -en manos de nada menos que tres instituciones estatales que no hicieron adecuadamente su trabajo- y un sinfín de problemas irresueltos, postergados por décadas que ponen a la ciudadanía ante la constatación de que no solamente hace falta que llueva más para que el servicio retome su normalidad, sino que otros problemas deben ser encarados con urgencia para que ello se dé.

Uno de estos problemas es el estado de las tuberías que llevan el líquido a los hogares: ya se informó que el 45% del agua potable en La Paz se pierde por fugas y mal estado de las conexiones. Ahora, justamente, cuando de a poco se está logrando restablecer la dotación de agua, se han registrado al menos 10 incidentes en la ciudad por roturas de tuberías en diferentes puntos de la ciudad.

Las fugas han sido tan fuertes que han dañado viviendas y calles, y, lo que es peor, se han perdido ingentes cantidades de este valioso y esperado recurso. Hace 15 días, por ejemplo, en la calle Antonio Gallardo, esquina Buenos Aires, se presentó una gran fuga de agua  que, por la fuerza de la presión, formó un enorme chorro que alcanzó una altura de casi tres metros. Durante horas el agua se desperdició ante los ojos atónitos de la población que no podía entender semejante desperdicio en medio de un racionamiento tan estricto de agua potable. Los motivos de esa  ruptura,  como de otras que se han venido presentando, son consecuencia, al parecer, de la presión del agua, pero no han sido explicados con precisión. EPSAS ha desplegado equipo y personal para atenderlas, pero no ha hecho conocer cuántos litros se han desperdiciado hasta ahora por las fugas. Lo que sí se conoce son los daños materiales a las zonas inundadas (que ascienden a miles de bolivianos).

En estas fechas, EPSAS tiene un arduo trabajo y, como se ha informado, ha mejorado el cumplimiento del cronograma de dotación de agua  a los barrios afectados, así como  ha ampliado el horario de aprovisionamiento. Estas son noticias alentadoras, pero no podrán ser buenas hasta que no se conozca cómo y cuándo se encarará la resolución de problemas, como el estado de las tuberías que transportan agua en la ciudad, lo que según expertos implica una inversión millonaria.

La Paz ha quedado desguarnecida ante tanta incertidumbre sobre un servicio que es elemental para su calidad de vida. Pasado la peor crisis y mejorada la distribución, las nuevas autoridades de las entidades relacionadas a este recurso  deben, ineludiblemente, informar cómo y cuándo se encararán las medidas estructurales. Sólo así empezaremos a salir de este acuciante problema.
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