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Editorial

2016, un año difícil para el MAS

2016, un año difícil para el MAS
El Gobierno ha enfrentado, en sus casi 11 años de gestión, etapas complejas , sobre todo durante 2007 y 2008, cuando la oposición logró paralizar parcialmente la Asamblea Constituyente y, después, generó una etapa de inestabilidad política y social de graves consecuencias.
 
Terminado aquello, se aprobó en las urnas la nueva Constitución Política del Estado y el Ejecutivo pasó a  tener control casi absoluto de la agenda mediática, la iniciativa política y el respaldo popular. Evo Morales, por ello, llegó a convertirse en uno de los presidentes más importantes de la historia.

2016, sin embargo, fue un año de quiebre: la "buena estrella” empezó a deslucirse. El oficialismo enfrentó numerosos problemas y conflictos en el año que se va,  problemas que han dejado una huella en el régimen.

En primer lugar, este año estalló el escándalo Morales-Zapata, que puso en cuestión  cómo desarrolla el Presidente las relaciones con sus parejas y cuál es su concepto  de la familia y de tener hijos. El Mandatario dijo haber procreado un hijo con Gabriela Zapata, su exnovia, actualmente detenida, pero después, con más información disponible, señaló que el niño nunca nació. Es difícil para cualquier varón explicar que tuvo un hijo y luego sacar la conclusión de que éste nunca nació. 

Luego vino la derrota del 21 de febrero, la primera caída electoral de Morales desde que postuló por primera vez como diputado, en 1997. Tras llegar al poder, enfrentó varios comicios y elecciones, y las ganó todas, por amplio margen, hasta que perdió en febrero, lo que marca un hito en el desempeño electoral del MAS.

Las malas noticias no terminaron allí. En noviembre surgió el problema del agua en La Paz, con 94 zonas de la ciudad y un tercio de los paceños enfrentados a un severo racionamiento que permite acceder al líquido elemento durante unas horas cada tres días. Lo que ocasionó el problema fue la falta de previsión y profesionalismo de los funcionarios públicos designados nada menos que para supervisar la entrega de este servicio básico. Primero el Gobierno estatizó la empresa municipal de agua y luego se la entregó a  dirigentes de las juntas vecinales, como un "botín político”. La sumatoria de errores de gestión y mal manejo de la crisis ha sido un golpe que el Gobierno ha tenido que aceptar.

Cuando el año parecía finalmente acabar,  vino el problema de LaMia. Un avión de esa compañía se estrelló en las cercanías de Medellín, ocasionando 71 muertos. Nuevamente el Gobierno se vio afectado. Las autorizaciones a LaMia, dadas por funcionarios gubernamentales, terminaron legalizando a una empresa que funcionaba en medio de irregularidades: el exgerente de la empresa, Gustavo Vargas Gamboa, fue piloto de Morales y éste dijo que lo había "hecho atender médicamente”, lo que demuestra la cercanía entre los dos. Su hijo, Gustavo Vargas Villegas, fue designado como Director de Registro Aeronáutico de la DGAC, posiblemente encargado de autorizar la línea aérea en la que trabajaba su padre. El director general de la DGAC, Virgilio Pereira, otro amigo de Morales, refrendó todos los permisos. Aunque en el país se decidió dejar la responsabilidad en el piloto de la aeronave siniestrada, el informe de las autoridades colombianas apunta a las instituciones de aeronáutica bolivianas.  

 Finalmente, en este  año, por primera vez desde 2005, las encuestas empezaron a demostrar que Morales puede ser derrotado en las urnas. Las mediciones establecen que, con un candidato único, la oposición podría disputar los futuros comicios. Con todo, faltan tres años para nuevas elecciones y  las encuestas pueden variar sustancialmente.

Así, sin conclusiones definitivas y con procesos abiertos;  sin respuestas a interrogantes e incertidumbres varias sobre el devenir político y económico, concluye este 2016. Las fechas llaman al optimismo y a los buenos augurios, a pesar de que en lo político no parece haber intenciones de dar tregua a los ciudadanos con una lógica electoralista que seguramente seguirá dominando el interés y la agenda pública.
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