La Paz, Bolivia

Lunes 23 de Octubre | 00:16 hs

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Editorial

Reflexiones pos-Dakar

Reflexiones pos-Dakar
Cuatro o más años de campaña contra el Dakar no hicieron mella en la voluntad popular que formó un cordón humano impresionante para acompañar   la llegada del más famoso rally del mundo.  "Gracias presidente Evo por ser el artífice del Dakar”, "El Dakar ha llegado para quedarse”, "En ningún país se ha visto este recibimiento”… fueron algunas de las expresiones que se oyeron el fin de semana en La Paz, ciudad que recibió de brazos abiertos esta competencia automovilística que solamente este año le ha costado cuatro millones de dólares al país y que es rechazada en casi todos los países de la región -de Europa y África salió para no volver- por su alto costo, alto impacto contaminante y escasos beneficios deportivos y turísticos.
Pero, y no hay cómo discutirlo, los beneficios políticos son obvios y evidentes, y como sucede con este tipo de eventos, la ciudadanía dejó de lado todo reclamo o malestar para salir a aplaudir el paso de los motores. En esta efusividad se fundieron autoridades complacidas y pueblo maravillado.  

Entonces, uno se pregunta, ¿por qué tanto encono y virulencia contra quienes no apoyaron el ingreso de esta carrera al territorio nacional y específicamente a las calles de La Paz?, ¿es necesario estigmatizar, agredir y acusar a quienes, en uso de sus derechos y con argumentos válidos -así no sean populares- se oponen o critican esta competencia?

En el mundo, el Dakar, conocido como el rally más "duro” del planeta, tiene seguidores y detractores. Tantos son  estos últimos, que cada año la ASO -que organiza el Dakar- debe replantear su ruta. Son pocos los países que se suman, pues los reclamos y denuncias sobre los daños que acarrea y los costos que implica la competencia desaniman a los gobernantes. No es el caso de Bolivia. 

En el caso boliviano, desde 2014, cuando Bolivia empezó a ser parte del Dakar, ha habido protestas y críticas, especialmente de ambientalistas, quienes  advierten sobre la contaminación que ocasiona en espacios generalmente naturales, libres del paso de tal cantidad de vehículos y personas. Pero, este año, la situación se vio exacerbada por una crisis de abastecimiento de agua potable en la ciudad de La Paz: desde hace dos meses, la sede de Gobierno no cuenta con un suministro regular de este líquido vital. Aunque el rally no tiene mayor relación con esta crisis, muchos paceños -especialmente en redes sociales- anunciaron su desacuerdo con esta fiesta deportiva y de millones de dólares en una ciudad que no cuenta con un servicio básico esencial.
 
Razones más o menos, el enojo fue evidente, aunque, como luego se vio, no fue masivo: fueron estos mismos indignados los que salieron a las calles a aplaudir el Dakar con todo y sus contradicciones.

Es ante esta evidencia que no se entiende la intolerancia gubernamental: desde el Ministro de Culturas -que dijo que los movimientos de protesta que se organizan pidiendo agua sólo buscan perjudicar el movimiento turístico y económico que se genera en el país por el evento deportivo-, pasando por la ministra de Medio Ambiente y Agua, Alexandra Moreira - que declaró "antipaceños”  a quienes protestaron porque el Gobierno propicie el paso de esta competencia en medio de una crisis ambiental-  la arremetida ha sido contundente; incluso las fuerzas policiales detuvieron a cuatro chiquillas que protestaban en la calle por "alterar el orden público”.

Lo cierto es que evaluando los resultados, las autoridades pudieron llevarse otro punto de haber controlado su intolerancia y aceptado que los vecinos afectados por la falta de agua digan lo suyo. Si no se molestan los ideólogos del proceso viendo a sus principales representantes aplaudiendo con fervor una de las expresiones más obvias del capitalismo y de la exclusión -únicamente participan  en el Dakar quienes pueden pagar millonarios costos o recibir cuantiosos auspicios-, menos deberían molestarse con quienes defienden principios de defensa ambiental y coherencia con la realidad. Es cierto, como dijo  el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, que Bolivia necesita más "dakars” para reponer los "180 años de vaciamiento del alma nacional”.
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