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Editorial

LaMia y los daños colaterales

LaMia y los daños colaterales
El daño causado a la imagen del país con la tragedia aérea ocasionada por la aerolínea chárter boliviana LaMia el pasado noviembre es cuantioso y podría verse incrementado con posibles sanciones a la aeronáutica nacional.  Es de esperar que no sea así, pero a los rezagos que sufre el país como centro de salida y llegada de vuelos internacionales y aerolíneas comerciales, se podrían sumar otros perjuicios.

Resta confirmar o descartar estas posibilidades, pero lo cierto es que, de acuerdo con el informe emitido por la Dirección de Aeronáutica de Colombia, la catástrofe aérea que causó la muerte de 71 pasajeros -entre ellos el equipo de fútbol brasileño Chapecoense- en las cercanías de Medellín tuvo como responsables al piloto, pero también a dos instituciones aeronáuticas bolivianas: Aasana y la DGAC. "Tenemos evidencia de que ningún factor técnico influyó en el accidente, todo está involucrado a un factor humano y gerencial”.

Hace algunas semanas, el Ministerio de Obras Públicas emitió un informe respecto al tema dejando la responsabilidad al piloto, al que acusó  de "negligencia”. Dicho informe evita sumar culpas a entidades estatales relacionadas; sin embargo, a raíz de la difusión del informe colombiano las autoridades nacionales   plantearon cambios en las entidades mencionadas y anunciaron un juicio contra el director de Aasana Santa Cruz. El viceministro de Defensa  sostuvo que se harán cambios en los procedimientos y normas vigentes. 

No sabemos si esto se dará, como tampoco podemos predecir ciertamente si luego de los informes se presentará algún tipo de sanción a los aeropuertos o aviones bolivianos, pero lo esencial es aprender de esto una inolvidable lección de seriedad. 

Así como piloto -en primer lugar- y tripulación no fueron serios al tomar decisiones que los llevaron a la muerte,  tampoco es serio que un militar, el coronel Vargas, su hijo y unos cuantos accionistas -hasta donde se sabe- monten una aerolínea y empiecen a comerciar con ella aprovechando la laxitud (o cosas peores) de las autoridades bolivianas. Pero, es todavía menos serio que éstas (las autoridades bolivianas) no lleguen al fondo del asunto por el bien del país y del propio Presidente, así sea a costa de ellas mismas. Develar y señalar a los responsables internos no puede quedarse en apresar a una funcionaria de menor rango como la señora Castedo, de Aasana,  ni en enjuiciar al gerente de la misma entidad "por no cooperar”. Ante todos estos indicios lo que se debe es  asumir y exponer con transparencia qué está sucediendo en estas entidades que, cuando menos, exhiben opacidad en sus relaciones y operaciones. 

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