La Paz, Bolivia

Miércoles 16 de Agosto | 10:54 hs

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Editorial

Otro inminente paso del Rally Dakar

Otro inminente paso del Rally Dakar
Con ostensible menos entusiasmo del público boliviano, y  crecientes críticas, está por atravesar nuevamente por territorio nacional el Rally Dakar, una carrera de cuadratracks, motos, autos y camiones que se desarrolla sobre todo en campo traviesa. La competencia se disputará entre el 2 y 14 de enero en Bolivia, Argentina y Paraguay. En total, más de 300 vehículos estarán en carrera, entre otros  50 camiones de alto tonelaje. 

Es una actividad elitista, como señaló un editorial anterior de este diario, considerando que cada participante eroga, según estimaciones de la prensa internacional, por lo menos 150 mil dólares por carrera.

Esta actividad se desarrolló durante años en África, precisamente concluyendo en Dakar, la capital de Senegal. Pero fue retirada de allí tras una exitosa campaña realizada por ONG y otras entidades que denunciaban su rasgo abusivo y colonialista: decenas de ricos, generalmente europeos, mostraban el poder de sus máquinas en un ambiente de extrema pobreza, afectando al medioambiente y la vida de los habitantes locales. Luego, la inestabilidad política africana y la presencia de bandas armadas terminó por convencer a los propietarios de la carrera, la empresa francesa ASO, de que ésta debía ser trasladada. Es así como llegó a Argentina, y de allí a Perú y Chile, países que posteriormente prefirieron rechazar su llegada debido a factores económicos, ambientales y arqueológicos.

Pese a que la ASO gana enormes sumas por efectos de publicidad y televisación de la carrera, cobra además varios millones de dólares a los países por los que pasa la competencia. En el caso de Bolivia, para 2017, el pago fue de cuatro millones. No solo eso le regalan los Estados involucrados a la ASO, sino también el costo de la seguridad, mediante la movilizaciones de miles de policías, bomberos, rescatistas y militares, además de funcionarios públicos en general.

En Perú y Chile, los gobiernos atendieron las críticas a la carrera y suspendieron su participación.
 
Lo hicieron porque el daño ambiental y arqueológico es evidente, mientras los posibles beneficios, como el interés turístico, son inciertos, considerando que las remotas regiones por las que atraviesan los vehículos no tienen mayor infraestructura hotelera gastronómica o de otro tipo.

Ante esa decisión de Perú y Chile, Bolivia albergará este año más del 50% de la carrera, como una forma de salvar el espectáculo (pero igual deberá pagar más que años anteriores). Paraguay también aceptó ser parte del rally.

En nuestro país, la campaña propagandística para hacer creer que la carrera es un éxito es enorme y onerosa, pagada, como siempre, por fondos públicos. De todas maneras, las autoridades señalan que el ingreso que genera el Dakar a nuestro país superará los 150 millones de dólares. Las cifras no se condicen con la realidad.

El Gobierno ha decidido que se incluyan en el trazo localidades como Tupiza, Oruro, Orinoca (lugar de nacimiento de Morales), La Paz y otras cercanas a lago Titicaca y al Salar de Uyuni.
 
Ello  sucede en un año de especial sequía, como ya se ha conocido, y en zonas de alta inestabilidad ecológica. El Titicaca, por ejemplo, sufre severa contaminación, que se agravará con los miles de litros de diésel, aceites y otros líquidos que sueltan los autos, además del obvio daño por su propio paso.

La situación en la ciudad de La Paz es extraordinariamente grave, debido a que esos cientos de vehículos, más los motorizados de apoyo y otros, invadirán las calles y avenidas, generando comprensible caos y peligro. Algunos barrios verán limitada la circulación de vehículos y personas para favorecer el paso de los autos de la carrera.

Para terminar, reproducimos una idea del investigador argentino Andrés Dimitriu, quien se pregunta qué sucedería si la carrera se compitiera en Europa, "con conductores africanos y sudamericanos manejando como idiotas y pisoteando las granjas, aldeas y campos arqueológicos europeos”. Obviamente ello jamás sucederá: esta es una actividad depredadora y colonialista.

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