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Martes 28 de Febrero | 12:46 hs

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Editorial

Dakar, agua y antipaceñismo

Dakar, agua y antipaceñismo
Es cierto: en sí una competencia de automóviles, camiones, motos y cuadratracks  como es el Dakar, no tiene mucho que ver con un servicio básico como es el del agua potable.
No es menos cierto que, aunque ésta sea una competencia algo antipática para muchos, por su ostentación, frivolidad y dudoso valor deportivo -en estrictos términos-, es una exhibición vistosa e impresionante, y la presencia de queridos representantes bolivianos del motociclismo y el automovilismo, hace difícil para el público en general no manifestar interés y hasta alegría por el paso de este rally.

 Pero, aunque los ciudadanos apoyen y derramen lágrimas de alegría por el valor y compromiso de los deportistas bolivianos que participan, no pueden -o no quieren- dejar de ser críticos con todo lo que esta competencia entraña. 

Primero, por su altísimo costo, que no condice con la realidad de un país  que enfrenta carencias en campos elementales de su desarrollo, incluso en lo deportivo. 

Segundo, por su impacto ambiental: no es invento antojadizo el alto nivel de contaminación que deja el paso de tal contingente de vehículos a diésel y gasolina, y  lo que representa aquello para espacios de frágil equilibrio como algunos lugares  patrimoniales o, en el caso boliviano, el lago Titicaca. Los gases, aceites, basura que deja la carrera  son un efecto nocivo silencioso, difícilmente cuantificable, pero que ha llevado a países como Perú y Chile a oponerse a prestar su territorio al paso del Rally Dakar.

 En tercer lugar, no se puede criticar que  una ciudad que no ha conseguido superar la crisis de suministro de agua que sufre desde hace dos meses, no se muestre entusiasmada por la llegada de cientos de coches, camiones y motos: si para el Gobierno y los organizadores ésta es "una fiesta de integración”, para los vecinos sin agua regular  es una oportunidad para hacer escuchar un reclamo que no es menos importante.

Por ello, es criticable la falta de empatía, responsabilidad y sentido común que exhiben algunas importantes autoridades como la ministra Alexandra Moreira quien, no conforme con el lamentable papel que ha desempeñado en el manejo de esta crisis, se empeña en criticar a quienes no baten palmas por una competencia deportiva que no aporta en nada a la calidad de vida de los vecinos de esta ciudad.

Si las autoridades del denominado Gabinete del Agua están haciendo lo posible por paliar esta crisis, está muy bien; es lo menos que pueden y deben hacer, pero de allí a pretender que el asunto ya está resuelto dista un camino largo: la normalidad está lejos de ser recuperada, y los ciudadanos tienen derecho a expresarlo.
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