La Paz, Bolivia

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editorial

Los recurrentes incidentes de BoA

Los recurrentes incidentes de BoA
Ya es suficiente condena que  llegar a o salir de Bolivia sea, en tiempos de conexiones globales, una travesía interminable. Pero si Bolivia es casi un destino exótico para el resto del mundo, llegar a La Paz, la sede de Gobierno, es todavía más tortuoso. Las conexiones desde y hacia La Paz han disminuido a tal punto que es impensable aspirar a buenos itinerarios; por ello, por ejemplo, rutas como La Paz-Santiago, que implican una distancia relativamente corta, se realizan en vuelos de casi un día, con varias escalas; o que para ir a Buenos Aires, un pasajero local deba ir a Santa Cruz o a Lima antes de llegar a esa capital.

Problema aparte son los vuelos que se suspenden, con sorprendente frecuencia, de manera que quien planifica un itinerario no puede tener la completa certeza de que éste se cumpla.

No menos lamentable, sin embargo, es que pese a la alta demanda de pasajes y destinos, la aerolínea bandera Boliviana de Aviación (BoA)  presente problemas que le quitan confiabilidad. Un recuento de Página Siete estableció que desde enero se registraron ocho incidentes, lo que equivale a un promedio de uno por mes. La Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) calificó a dos de esos incidentes como graves .

En todo caso, fueron incidentes "con suerte” porque los pasajeros salieron ilesos de todos ellos, aunque no se puede negar el daño psicológico que pudieron haber sufrido en el vuelo.

Las noticias sobre los incidentes hablan de aterrizajes de emergencia, despresurización de las naves y daños en el tren de aterrizaje.

Este año ha resultado particularmente preocupante para los usuarios de BoA, porque el número de incidentes ha crecido seis veces más en comparación a años anteriores.

Es hora de que los ejecutivos de BoA –todos ellos dependientes del gobierno de Evo Morales– y las autoridades de la DGAC –también integrantes del Gobierno– tomen el asunto con seriedad para que los incidentes no pasen a ser accidentes. 

Es preciso revisar los protocolos aeronáuticos y, sobre todo, hacer un control del estado mecánico de las aeronaves, para establecer si se están cumpliendo con las normas o si la aerolínea relajó las mismas para ganar más dinero.

En medio de la gravedad de los incidentes, también se han presentado quejas por el retraso en vuelos, por el abandono de pasajeros en aeropuertos, por la pérdida de equipajes, por el robo de artefactos que van dentro de las maletas y hasta por el pobre catering que se sirve a bordo. 

Es hora de que el propio Gobierno ajuste las clavijas para no estar obligados a repetir aquel cliché de que  el Estado es un mal administrador y que así no más seguirá siendo.

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