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El increíble robo al Banco Unión

El increíble robo  al Banco Unión
Es casi imposible imaginar a alguien sacando 626.660 bolivianos por semana (es decir aproximadamente 125.333 bolivianos al día) de una oficina bancaria. Si tener en el bolsillo el sueldo mínimo de 2.000 bolivianos contante y sonante puede abultar cualquier billetera, ¿puede alguien dimensionar lo que es el traslado de tal cantidad de billetes? Sin embargo, el funcionario Juan Pari, de la entidad financiera estatal Banco Unión, supuestamente llegó a sacar de una ignota sucursal de Batallas (tercera sección municipal de la provincia Los Andes en el departamento de La Paz y al borde del lago Titicaca), que tiene apenas 17 mil habitantes, un promedio 3,7 millones de bolivianos por mes durante un estimado de 10 meses, llegando a la astronómica cifra de 37,6 millones de bolivianos de desfalco.
 
Este monto, que equivale a 5,4 millones de dólares, representa el 26,6% del aporte de capital que inyectó el Tesoro General de la Nación (TGN) a esta institución financiera –el más importante banco del Estado boliviano y que maneja las cuentas de todas las entidades públicas, alcaldías y gobernaciones, entre otros- durante el año 2016.
 
La primera versión es que Pari, que al parecer empezó sus desfalcos en Achacachi (también un municipio de la zona lacustre), sacaba "en su cuerpo” estas ingentes cantidades de efectivo, sin embargo, luego se supo lo hacía también en sacos. No habría que descartar que haya necesitado una carretilla. 
 
La Autoridad del Sistema Financiero (ASFI) sostiene que fraudes como los ocurridos con el Banco Unión y otro reciente del Prodem (de menor escala) "son más usuales de lo que la población percibe” y que se han vulnerado tres tipos de controles: "el primero en la misma agencia; el segundo dependiente de la jefatura departamental; y el tercero de la jefatura nacional de tarjetas”.
 
Es impensable que alguien, incluso con cómplices, sea capaz de movilizar tal volumen de dinero sin más trámite, y lo insólito es que lo haya podido hacer durante casi un año sin ser descubierto. 
 
Mientras que para hacer una operación de 2.000 bolivianos en un autobanco hay que cumplir con varios requisitos de seguridad, los controles dentro del Banco Unión sean tan laxos para sus propios funcionarios.
 
La Fiscalía, por su parte, ha acusado a otros 11 ciudadanos por ayudar a Pari en el lavado de dinero y por ser palos blancos de sus florecientes negocios. Por supuesto que tenía que haber cómplices de este tipo porque Pari no hubiera podido gastar tanto dinero solo y sin involucrar a terceros.
 
Pari, además de robar a bolsas llenas, se portó de manera poco inteligente y al estilo del personaje de novela Huicho  Domínguez porque ostentó su dinero a diestra y siniestra, sobre todo a través de su Facebook, donde mostró sus vehículos de lujo, su gusto por el whisky y a sus nuevos amigos, más ricos que los de antes. Sin dejar de agradecerle a Dios porque la pobreza quedó atrás.
 
Por lo visto la ostentación de dinero fácil es tan natural que nadie se cuestionó la procedencia de su repentina riqueza.
 
Otro tema que resulta sorprendente es la facilidad con la que Juan Pari hacía negocios y "blanqueaba” el dinero que robaba. Además de darse gustos suntuosos, el funcionario bancario creaba empresas y armaba proyectos millonarios en pocas semanas sin generar tampoco la menor sospecha. 
 
El presidente Evo Morales dijo que se buscará recuperar "algo” del dinero hurtado. No estamos seguros si la preocupación derivará en algo concreto: los desfalcos en el Unión, en el Ministerio de Defensa y el hecho de que –como sostiene la ASFI- esto sea "más común de lo que la gente percibe”, habla de una inseguridad y un nivel de corrupción naturalizado. 
 
Es de esperar que las investigaciones aclaren cómo funciona la seguridad en los bancos, especialmente en el Unión, donde a pesar de la gravedad del escándalo, sólo se han destituido a funcionarios de menor rango. La gerente del Banco Unión incumplió sus deberes y no puede salvar sus responsabilidades destituyendo a subalternos y procesando a los ladrones.
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