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Editorial

Hilarión y la violencia política

Hilarión y la violencia política
El jilliri apu mallku del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyu,  Hilarión Mamani, fue golpeado salvajemente por defender el Sí unas semanas antes del referendo del 21 de febrero de 2016. 

Un año después, hace unos días, su homónimo, Hilarión Saucedo, concejal del municipio de Mocomoco (La Paz), fue asesinado  por un individuo desconocido que le disparó a quemarropa en la parte lateral derecha del cerebro, ocasionando su muerte instantánea.

¿Por qué relacionar ambos sucesos? Además del mismo nombre, ambas víctimas coincidían en varios aspectos: militaban en un partido político –el uno en el oficialismo y el otro en la oposición- e intentaban desarrollar su militancia política en contextos difíciles. A Mamani lo agredieron dirigentes de la oposición al MAS, molestos por su campaña a favor de la reelección de Evo Morales. A Saucedo, en cambio, no le dieron otra oportunidad y lo mataron, presuntamente, por ser un concejal opositor (militaba en SOL.bo) a las autoridades del MAS y por estar impulsando tareas de fiscalización de la gestión.

Estos dos ejemplos evidencian que la polarización, la intolerancia y la incapacidad de encontrar vías democráticas de debate de ideas o decisiones políticas no son rasgos que exhiban únicamente las principales autoridades y figuras políticas del país. Por el contrario, la ausencia de un debate democrático abierto y pluralista, sin temor de los disensos, ha calado a tal punto que la práctica de la política y el ejercicio de cargos públicos se ha vuelto una actividad de riesgo, especialmente las zonas rurales, donde los delitos y la violencia política son moneda corriente.

Las mujeres lo sabían hace rato, y las víctimas que han pagado con su vidas la decisión de participar activamente de la función pública son muchas. Autoridades locales mujeres que no han podido ejercer sus cargos por presiones, abusos y violencia en diversos grados han abonado el camino para que se apruebe, en 2012, la Ley 243 Contra el Acoso y la Violencia Política hacia las Mujeres. Es un avance en términos de género, pero las (malas) prácticas siguen siendo las mismas: la vigencia de esta norma no ha conseguido frenar las agresiones ni el odio al que piensa diferente, ni siquiera entre los hombres que son claros representantes de una forma de ejercicio de la política que debe ser repensada y, mejor aún, superada.

   El Concejo Municipal de Mocomoco aprobó utilizar 200 mil bolivianos de presupuesto para facilitar la investigación del asesinato del concejal asesinado. Es una buena medida, queda pendiente la reflexión sobre la necesidad de devolverle dignidad al ejercicio de la política.

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