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Editorial

Las niñas de Guatemala

Las niñas de Guatemala
El corazón no puede dejar de estremecerse de sólo pensar en la forma en la que murieron 40 niñas de Guatemala en un centro de acogida del Estado. 

Se llamaba, por esas ironías de la vida, Hogar Seguro Virgen de la Asunción. Pero, seguridad era lo que menos brindaba a sus residentes: niñas y adolescentes víctimas de violencia física, psicológica y sexual; menores con discapacidades, niños abandonados, víctimas de drogadicción, de adopciones irregulares, de trata y explotación sexual. Cerca de 800 almas convivían en un reducido y precario espacio (con capacidad para 400 personas) donde el abuso y el maltrato eran la "rehabilitación” que recibían.

Según las primeras investigaciones, las niñas estaban encerradas en un aula donde iniciaron el fuego en protesta por violaciones y  malos tratos. Es espeluznante saber que todas ellas fueron quemadas, pero es aún más sobrecogedor conocer en qué condiciones vivían.

El "hogar” en cuestión ya estaba en la mira. Fueron constantes las denuncias de violaciones y abusos que recaían  sobre sus administradores.

Pero, este no es un problema reciente, según un informe de Unicef (2015), de los más de 16 millones de habitantes de Guatemala, cerca de la mitad son niños y adolescentes  menores de 18 años. De ellos, el 28,2% habitan en hogares pobres y en malas condiciones, lo que ha llevado a la OEA a pedir un informe al Gobierno guatemalteco sin obtener respuesta.

La actuación del Gobierno en este drama ha sido casi tan preocupante como el mismo.
 
Inicialmente, el titular de la Secretaría de Bienestar Social afirmó que las niñas escondían "objetos punzocortantes” en el cabello y que se agotó "el diálogo” con ellas. Y ante el clamor ciudadano por su renuncia, sostuvo "que la causa del amotinamiento, porque no les gustaba la comida, no era válida. No hubo negligencia. No voy a presentar mi renuncia como secretario de Bienestar Social”. 

El presidente Jimmy Morales, quien en principio tampoco dio explicaciones (según su secretario de Bienestar Social "el Presidente no  participó en la conferencia porque está atendiendo asuntos urgentes de la nación”), tuvo finalmente que  admitir la responsabilidad del Estado y comprometerse a las reformas largamente reclamadas en los hogares de menores de edad.

Un triste modo de lograrlo: las niñas de Guatemala no murieron de amor, como la musa de José Martí, ellas murieron por falta de amor de la sociedad, por negligencia del Estado, por misoginia de quienes estaban destinados a cuidarlas y que, en lugar de eso, las abusaban. Ellas eran infractoras, pero los que dejaron que murieran así son delincuentes.
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