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Editorial

En riesgo la Solución de los Dos Estados

En riesgo la Solución de los Dos Estados
Palestinos y judíos conviven en el mismo espacio geográfico que antiguamente fue Palestina, una colonia británica hasta 1948. Desde principios del siglo XX y, con mucha más fuerza después de la Segunda Guerra Mundial, llegaron a esa región millones de judíos buscando refugio y seguridad, pero desplazando a su vez a los palestinos, que fueron despojados de sus tierras y perseguidos. De forma inconsulta, Gran Bretaña aceptó la creación del Estado de Israel en 1948, generando un grave conflicto con sus vecinos árabes. Tras la guerra de 1967 contra esos países, Israel ocupó Jerusalén y una zona que antes le pertenecía a Jordania, denominada Cisjordania. Son los "territorios ocupados”.

El mundo ha vivido en ascuas estas casi siete décadas tras el fin de la Segunda Guerra viendo cómo ambos pueblos podrían convivir, respetarse mutuamente y progresar, pero que en cambio se enfrentan y combaten mutuamente. Sin embargo, la balanza se ha colocado siempre en contra de los palestinos, que se han exiliado por miles y, los que se han mantenido en su país, perdido tierras, casas y otras posesiones. Tras una etapa de acciones terroristas que buscaba ganar poder de influencia en su negociación, fueron también derrotados en ese plano. Por lo menos los palestinos lograron la promesa de lo que se denomina Solución de los Dos Estados, es decir que Israel conviva con un vecino que se denominaría Estado Palestino y que ocuparía Cisjordania y la pequeña Franja de  Gaza, quedando pendiente el estatus de Jerusalén.

Israel, con el líder extremista que ocupa la presidencia, Benjamin Netanyahu, ha tomado acciones enérgicas para evitar esa posibilidad y, al final, lograr que un solo Estado perviva en el lugar. Netanyahu ha ordenado la construcción de miles de viviendas en territorios ocupados, además de bombardear Gaza de manera impiadosa en varias ocasiones, siendo la última de ellas la registrada en 2014. En Jerusalén del Este, además, que es una zona milenariamente árabe y palestina (y también judía), el Ejército destruye casas palestinas para construir en su lugar viviendas para israelíes.

Y aunque Israel también apoya la solución de un Estado palestino, lo hace de manera insincera, precisamente construyendo viviendas masivamente. La presencia de esas poblaciones judías en Cisjordania y Jerusalén Este quiebra el territorio palestino, inviabilizando la creación de su Estado. Por ello, la construcción de esos asentamientos ha sido uno de los mayores obstáculos para lograr la paz en Oriente Medio. Más de 600 mil  israelíes viven en 140 de ellos, levantados desde 1967. Estas colonizaciones son consideradas ilegales por instituciones internacionales. En diciembre pasado, el Consejo de Seguridad de NNUU las condenó y exigió a Israel que las suspenda. En esa ocasión, 14 Estados del Consejo votaron a favor, mientras Estados Unidos por primera vez no vetó una resolución de ese tipo y optó por la abstención.

Europa y la comunidad internacional aseguran que respetan la demanda del pueblo palestino, pero en los hechos muestran un notorio desinterés, que se suma al peso de conciencia que tienen debido al sufrimiento judío durante el siglo pasado. Todo ello ha hecho que, de facto, Palestina sea marginada de cualquier solución.

EEUU es otro país que, tanto cuando estaba liderado por demócratas o republicanos, respaldó la posibilidad de los Dos Estados, hasta que llegó el presidente populista Donald Trump, que acaba de hacer estallar por los aires esa solución y señalar que apoyará, si es que así lo desean los actores involucrados, la solución de Un solo Estado. Solamente Israel existiría, país en el que tendrían que vivir también los palestinos, supuestamente con igualdad de derechos a los de los israelíes. Ésa es una quimera.

El nuevo giro de los acontecimientos es una desgracia para la causa palestina. Su pueblo está a punto de desaparecer como nación, pese a sus raíces milenarias. Es posible presuponer que los palestinos se sentirán nuevamente traicionados y abracen, otra vez, la inaceptable opción terrorista.
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