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Martes 27 de Junio | 20:14 hs

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Editorial

Se agrava, más aún, la crisis de Venezuela

Se agrava, más aún, la crisis de Venezuela
La crisis de Venezuela sigue profundizándose. El Gobierno de ese país ha agravado la represión contra las manifestaciones casi diarias que se suceden en Caracas y otras ciudades de ese país, a la vez que uno de los más importantes líderes opositores, Henrique Capriles, fue inhabilitado para ocupar cargos públicos durante 15 años (lo que le impediría ser candidato en ese periodo).

Lo que ha enervado a la oposición en las jornadas recientes fue la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de quitarle las atribuciones al Legislativo, lo que hubiera, de facto, convertido a ese régimen en una dictadura. Ante la ira internacional y local (Bolivia fue la única voz continental de respaldo a esa medida, en una vergonzosa acción), el presidente Nicolás Maduro dio pie atrás, rechazando la decisión de la Corte  que había sido, obviamente, coordinada con él con anticipación, e intentó así recuperar algo de credibilidad. Pero el hastío de la gente no aceptó el retroceso de Maduro y está en la calle exigiendo su renuncia y la convocatoria a elecciones.

En tres planos se observa la crisis venezolana: la política, con los elementos mencionados aquí, al que hay que añadir que el  Consejo Nacional Electoral se ha negado a dar los pasos necesarios para convocar a un referéndum presidencial revocatorio y a las elecciones regionales y locales que deberían haberse realizado en 2016. Además, existen cientos de presos políticos, entre los que se encuentra Leopoldo López, el más conocido de ellos, y graves abusos del Gobierno contra los medios de comunicación independientes.

Otro plano es el de la economía. Las políticas de control de precios, de cupos de exportación y de tipo de cambio han destrozado el aparato productivo. Los venezolanos no pueden comprar alimentos de primera necesidad, excepto que estén horas haciendo cola en los centros de abasto, ni acceder a medicinas, algunas tan cruciales como las que previenen los efectos de la diabetes y otras enfermedades crónicas. La situación alimentaria y sanitaria  es de emergencia, con posibilidades de desnutrición y otras.

Finalmente está el aspecto social, con una inseguridad campante, que ha convertido a Caracas y otras ciudades de ese país en las más peligrosas del mundo, con 130 homicidios violentos por cada 100 mil habitantes.

Nadie podía imaginarse que en solo 15 años, políticas económicas y sociales derivadas de ideologías autoritarias podrían destruir un país pacífico, en vías de desarrollo, democrático y tolerante como era Venezuela.  Esa nación es ahora un ejemplo para la región. El ejemplo que no debe ser seguido si un país quiere mantener su aparato productivo, su convivencia interna y su democracia.

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