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Editorial

Nuevas acusaciones contra Lula Da Silva

Nuevas acusaciones contra Lula Da Silva
Nuevos y más profundos problemas afectan al sistema político brasileño, que vive una crisis de grandes proporciones. Los escándalos de corrupción tocan al presidente actual, Michel Temer, que llegó al poder por la ventana, además de los exmandatarios Dilma Rousseff y Lula Da Silva.
 
Ello muestra que la corrupción ha contagiado a todos los partidos  y a todos los niveles del Estado de ese país, excepto el Judicial, que trabaja con valentía, independencia y profesionalismo.

Mientras Temer está bajo investigación por haber recibido supuestamente fondos irregulares para el financiamiento de su campaña por parte de Odebrecht (de comprobarse esta versión podría incluso ser desaforado), ahora se ha conoce que el propio Lula recibió coimas de esa empresa después de ser Presidente.

El empresario brasileño Marcelo Odebrecht, detenido desde 2015 tras desatarse el escándalo, admitió ante el juez Sergio Moro que pagó 13 millones de reales (unos 4,1 millones de dólares) a Lula entre 2012 y 2013. Es un escándalo de corrupción más que afecta a Lula, el otrora venerado líder continental.

Odebrecht confirmó lo que era un secreto a voces, que Lula fue el beneficiario de la entrega de ese dinero, en efectivo, y que figuraba bajo el nombre "amigo” en los libros de contabilidad de la empresa. Paralelamente, el empresario dijo también que entregó tres millones de dólares al expresidente peruano Ollanta Humala, identificado como "UH” en los documentos de la compañía.

Los pagos se hacían a cambio de favores o de la autorización de contratos y son parte del esquema de corrupción denominado Lava Jato, que afecta a cientos de personas y que entregó en sobornos miles de millones de dólares.

Como Lava Jato se conoce a un entramado de sobornos que Petrobras cobraba a empresas constructoras y de otro tipo, a cambio de dar contratos. Luego,  ese dinero era repartido entre autoridades y parlamentarios. Aparte de ello, también las empresas pagaban directamente a jefes políticos. Los contratos facilitados a Odebrecht causaron un daño económico al Estado de unos 1.810 millones de dólares, según investigaciones policiales.

El daño moral, social y político causado a la sociedad brasileña, sin embargo, es mucho mayor.
 
Este escándalo ha hecho que el prestigio de los políticos esté por los suelos, que exista una gran desconfianza del trabajo de las autoridades y que la ciudadanía se encuentre atormentada. Todo ello es alimento para la inestabilidad y las soluciones extremistas, precisamente lo que un país no necesita. Por eso, como antídoto a estos males, la justicia debe seguir trabajando y sancionando a los culpables.
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