La Paz, Bolivia

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Indigentes en las calles y avenidas

Indigentes en las calles y avenidas
En un tiempo relativamente corto se ha empezado a percibir en las calles de La Paz y otras ciudades un decaimiento de la situación social de los sectores más vulnerables. Por ejemplo, las calles céntricas de la sede de Gobierno, y en especial la avenida 16 de Julio, se ven invadidas en horas de la tarde y noche por grupos de alcohólicos y drogadictos que vuelven insegura a esa zona.
 
Como el modelo de desarrollo impulsado por las autoridades saca de la pobreza a segmentos de la población de una manera frágil, muchos de ellos vuelven a caer en ella al poco tiempo. Un pequeño cambio en las condiciones económicas hace que la población vuelva a su situación marginal original y a veces peor.
 
Ello parece explicar por qué en el último medio año ha aumentado la cantidad de vagabundos y limosneros en las esquinas de las ciudades. Pero la presencia de los alcohólicos y cleferos, muchos de ellos niños, es la más preocupante.
 
Durante la madrugada estos grupos son todavía más numerosos. Cualquiera que camina por calles céntricas a esas horas se da cuenta de la gravedad del asunto.
 
Esta situación ocurre ante la mirada inquieta de los transeúntes y la impavidez de las autoridades locales y nacionales. Todos parecen eludir el tema y no enfrentarlo. Primero se debería identificar el problema con claridad y luego actuar en consecuencia, dando alojamiento y alimentación a estos ciudadanos, intentando además su rehabilitación y reinserción en la sociedad. También deberían realizarse tareas de prevención, para evitar que otros menores de edad de sectores en riesgo caigan en las manos de las drogas.
 
Estas son, evidentemente, políticas asistencialistas, pero no queda otra que asumirlas. Ello debe hacerse por razones morales, es decir ayudar a esas personas a superar su trágica situación, y también sociales: su presencia causa temor en otros vecinos y vuelve a las calles del país menos seguras. Eso ahuyenta la posibilidad de que se creen nuevos negocios, por ejemplo, o que lleguen más turistas, afectando la economía general.
 
Otras ciudades del continente han logrado retirar a estos grupos de sus calles, ofreciéndoles ayuda y albergue. Esas políticas están enmarcadas en mejoramientos generales que procuran otras urbes y que incluyen la mejoría de fachadas y calles, el aumento del número de zonas de esparcimiento y el combate contra la delincuencia.
 
En este caso es necesaria una alianza entre las autoridades municipales  y las de reparticiones como los ministerios de Salud, Educación, Justicia y otros. No puede normalizarse ante los ojos del ciudadano la presencia de drogadictos en el  centro de las ciudades del país.
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