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Editorial

Preselección de candidatos judiciales

Preselección de candidatos judiciales
 La elección de magistrados en el país está siendo objeto de mucha  controversia, descontento, manipulación y otras expresiones preocupantes. Mucho más preocupante si se considera que apenas estamos al inicio de un proceso clave para el futuro próximo de la administración de justicia en el país.

 El Gobierno, que controla dos tercios de los votos en el Congreso, tiene -podría decirse- el dominio de la situación (es lo que ha hecho en todas las oportunidades anteriores cuando el Legislativo ha tenido que designar a alguna autoridad, desde las anteriores elecciones de magistrados, pasando por el nombramiento de vocales del Tribunal Electoral y terminando en las elecciones del Defensor del Pueblo o del Contralor General del Estado), pero tratándose de las nuevas autoridades judiciales, en el momento de mayor descrédito de las mismas, era de esperar que se manejaran las cosas de una mejor manera.

En la presente etapa de preselección de candidatos se presentaron, igual que en el pasado, cientos de ellos. Esto genera una sensación de apertura y pluralismo, cuando en realidad representa lo contrario. Hace unos días, la Comisión Mixta de Constitución y Justicia Plural cerró la inscripción de aspirantes a cargos en el Órgano Judicial con 492 postulantes; puede parecer una cifra considerable, pero según los expertos se esperaba muchos más, por lo que los plazos fueron ampliados. Además de esto, entre los postulantes están exsenadores, servidores públicos del Gobierno, actuales magistrados e incluso un acusado de agresión física, hostigamiento laboral y discriminación. Es decir, no hay cómo albergar muchas esperanzas de cambio en la calidad de las nuevas autoridades.

Ahora viene el proceso de evaluación que, según lo anunciado, no sólo ponderará los méritos y la trayectoria de los postulantes, sino también su comportamiento ético. En este punto también hay materia de preocupación, pues se han identificado irregularidades: el cambio de postulaciones, incumplimiento del cupo de mujeres e indígenas, inscripciones fuera de la fecha y hora que fija la convocatoria, son algunas de ellas. Si a todo ello se añaden los problemas con el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB), que debía participar en la evaluación de los candidatos y que denuncia haber sido ignorado en esta primera etapa, la situación es crítica.

Al final, seguramente un puñado pasará a las boletas de votación y nuevamente el MAS procurará movilizar el voto en favor de algunos de ellos.

Por ello es, insistimos, preocupante la forma en que se están dando estos primeros pasos de un proceso clave para la justicia del país. Mucho más sensata fue la propuesta de los dirigentes y expresidentes opositores, en sentido de que una comisión multipartidaria eligiera a los precandidatos, para que el Congreso luego los designara oficialmente. Obviamente el oficialismo rechazó esa propuesta porque pretende con su accionar mantener bajo control al sistema judicial.

Controlar  la justicia es crucial para el oficialismo, en dos sentidos. Uno de ellos es lograr que el Consejo de la Magistratura siga designando a jueces funcionales. Luego, que el Tribunal Constitucional esté dispuesto a aprobar una probable estrategia para lograr que Evo Morales pueda postular nuevamente a la presidencia, pese a que la CPE lo prohíbe. El Tribunal Supremo y el Tribunal Agroambiental, en los hechos, son menos importantes.

Y si las cosas llegaran a salir mal, como con el caso del magistrado Gualberto Cusi y dos de sus excolegas, que tras ser posesionados mostraron un cierto distanciamiento del oficialismo, siempre está la vía de destituirlos mediante el voto del Congreso. Primero la Cámara Baja los acusa y luego el Senado los destituye. 

Son escenarios que no quisiéramos ver reproducidos en el país. De ahí la importancia de llamar a los responsables de este proceso a hacer primar la sensatez y el apego al bien de la democracia antes que los cálculos políticos partidarios. La reciente fallida experiencia debiera habernos enseñado algo.

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