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Editorial

La imprenta del Estado

La imprenta del Estado
El malgasto de recursos estatales sigue dando que hablar: desde un palacio para el Presidente, de 200 millones de bolivianos, hasta estadios con mayor capacidad que la población de sus localidades y aeropuertos sin pasajeros. A esas obras  se unen otras más onerosas aún, como una planta de urea de futuro incierto, una planta de azúcar en un lugar sin caña suficiente y una planta de separación de líquidos que funciona a medias. Estas últimas costaron cientos de millones de dólares cada una.

 Dentro del inventario, la imprenta que decidió comprar el Gobierno viene a ocupar nuestra atención. Hasta ahora el fisco ha ordenado el gasto de 69,6 millones de bolivianos en la instalación de una imprenta de alta tecnología, además de la construcción para acogerla. La prensa, de marca Heidelberg, adquirida en 58,6 millones, llegó al país en julio de 2015. El resto del dinero ha sido usado en adecuar un galpón que era de propiedad de Usaid en El Alto para albergar a la empresa. Esas instalaciones tampoco están listas, pese a que han transcurrido casi dos años desde la fecha en las que las autoridades aseguraron que ello ocurriría (octubre 2015).
 
El Gobierno tiene un tope de 75,5 millones de boliviano para gastar en este nuevo proyecto.
La rotativa tiene como una de sus funciones imprimir el periódico gubernamental Cambio y, además, imprimir material propagandístico y cultural. Pero, ¿para ello era necesario gastar 10 millones de dólares para comprar una prensa? 

La idea empezó con un Decreto Supremo de 2013, cuando Amanda Dávila era ministra de Comunicación, para la compra de equipos y la construcción de las instalaciones. El Gobierno ahora ha decidido que opere como empresa pública descentralizada, Empresa Editorial del Estado, cuando al principio debía ser solamente una unidad del Ministerio de Comunicación. Los estatutos de la compañía y el resto de la normativa no están concluidos.

"La editorial del Estado ofrecerá un servicio de excelencia y a precios competitivos. Además, siendo una empresa pública y más que una simple imprenta, también cumplirá con  su rol de promover el desarrollo de la cultura nacional y de difundir  la producción literaria e histórica de sectores que, pese a su talento,  no tienen acceso a la publicación porque son indígenas, son  jóvenes, son mujeres y de escasos recursos”, dijo la exministra Dávila, quien también aseguró que será una empresa pública modelo, que recoja los mejores resultados de sus pares.

Es de esperar que así sea, pero sigue preocupando el gasto de recursos importantes, que pudieran ser destinados a necesidades más urgentes, como vemos a diario, sin certeza de un verdadero beneficio.

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