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Editorial

Sentencia a Cusi y la discriminación

Sentencia a Cusi y la discriminación
Uno de los casos más dolorosos de discriminación y violación de derechos es el que se cometió contra  el exmagistrado del Tribunal Constitucional Plurinacional  Gualberto Cusi, cuando la enfermedad que éste padecía fue revelada públicamente, nada menos que por el entonces ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes. Ese día, un Cusi devastado  afirmó: "Estoy muerto en vida”.

De ahí en más, el exmagistrado se mostró deprimido y angustiado, y muchas de sus posteriores intervenciones fueron una triste demostración de aquello.  Ninguna autoridad hizo valer sus derechos, amparados por la ley.

Sin embargo, el proceso del que fue objeto por el Congreso no se detuvo y el viernes pasado fue finalmente sentenciado culpable de los delitos de prevaricato y resoluciones contrarias a la Constitución y las leyes. Según el Tribunal de Sentencia de la Cámara de Senadores, Cusi merece esta sentencia –que implica su definitiva destitución- porque dejó en suspenso la aplicación de la Ley del Notariado, con consecuentes perjuicios para el Estado. Ahora, Cusi estará a disposición del Ministerio Público  que lo procesará por la vía penal, lo que podría significar incluso una detención. Sus abogados anunciaron que apelarán el fallo.

Pero  este desenlace, que era previsible, está, como mencionamos, rodeado de un halo de excesos e injusticias. Desde la que se describe líneas arriba y que no ha merecido  una sanción para el exministro Calvimontes –que incluso ha sido premiado con el desempeño de otros cargos públicos- hasta las expresiones de ignorancia y oscurantismo de los legisladores que tampoco han merecido atención o reprobación.

Recordemos que a pocos días de conocerse su sentencia, Cusi lanzó  un escupitajo en el rostro del diputado del MAS Víctor Borda. La situación ocurrió ante la manera  condescendiente con la que Borda trató  a Cusi, cuando le recordó que "no puede ver fallos en coca”.

La acción de Cusi, que es reprochable, fue respondida por el anuncio de la bancada oficialista de que se tomarían acciones legales contra el exmagistrado. Los argumentos son increíbles: "es un peligro para la salud de la población paceña (…) todos saben de la enfermedad de Cusi y el escupir al diputado Borda ha intentado que se contagie y eso es un intento de asesinato y merece un proceso penal inmediato, además su actitud es de discriminación contra un compañero de bancada”, fueron las palabras del diputado del MAS Edgar Montaño.

Como es de dominio público, Gualberto Cusi es portador del VIH, enfermedad que se contrae por vía sanguínea, sexual y perinatal exclusivamente. De manera que estas declaraciones son una expresión de inaceptable ignorancia de parte de  los legisladores del MAS y, peor que ello, son la expresión de cómo los intereses políticos y corporativos impiden que el Estado boliviano proteja, como es su obligación, a las personas más vulnerables, y  paradójicamente aliente  su estigmatización.

Si la sentencia de Cusi es correcta, debiera estar acompañada de sanciones también para el exministro Calvimontes y los legisladores oficialistas por su absurda advertencia.

El escupitajo de Cusi ha sido visto –y él así lo ha expresado- como un rechazo a los abusos del Gobierno. Calvimontes, Borda y los diputados del MAS disfrutan de altos (y seguros) ingresos  y tienen toda la protección gubernamental, mientras que Gualberto Cusi vive casi en la mendicidad, no tiene cómo enfrentar los gastos que entrañan su malograda salud, ni contar con un trabajo.

El caso de Cusi   pasará a la historia como una expresión de abuso de poder,
independientemente de la pertinencia o no del fallo del Congreso. Fue el propio vicepresidente Álvaro García Linera el que ordenó que Cusi y dos de sus colegas del Tribunal Constitucional fueran procesados por haber aceptado un recurso de inconstitucionalidad contra la Ley del Notariado. Los tres ni siquiera fallaron sobre el fondo del asunto y no generaron problema alguno para el Estado, como dijo García Linera.
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