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Editorial

Paro aduanero en Chile

Paro aduanero en Chile
El paro aduanero chileno, que duró una semana, ocasionó graves perjuicios a Bolivia. Unos 1.800 camiones fueron afectados en total al quedarse detenidos en la frontera, generando una pérdida total estimada de 100 millones de dólares. El presidente Evo Morales realizó constantes denuncias contra las autoridades chilenas debido a este tema. En el pasado se han registrado numerosos paros tanto de ese sector laboral chileno, como de otros, como el de los trabajadores portuarios.

 Bolivia, con su rasgo de país mediterráneo, depende de los puertos del norte chileno para buena parte de su comercio exterior. Y por eso cada una de esas protestas laborales chilenas provocan daños cuantiosos. En esta última ocasión, los funcionarios del vecino país protestaban por el incumplimiento de convenios logrados con su Gobierno en paros anteriores. Es de nunca acabar.

 Una huelga es una acción permitida en la mayoría de los países. Desde ese punto de vista, los funcionarios aduaneros, portuarios o de cualquier otro sector tienen derecho en Chile a realizar aquella u otras medidas que crean convenientes. Pero ello no puede afectar a Bolivia. El carácter mediterráneo del país debe obligar a Chile a pagar compensaciones cada vez que una de estas acciones ocurra. 

El Tratado de 1904 claramente establece que entre los dos países debe existir "libre tráfico”, que claramente se incumple con estas decisiones de los sindicatos del vecino país.

Utilizando el mecanismo de la Aladi, de la que forman parte las dos naciones, Bolivia debería avanzar en algún sistema de compensación. Éste podría basarse en la cantidad de días en los que ocurra el problema, número de camiones damnificados u otros. Cualquier sistema será mejor al actual, en el que los empresarios bolivianos son dejados sin protección.

El debate debe llevarnos sin embargo a reflexionar también sobre los problemas de ese tipo que se suceden en Bolivia, a diario. 

Las calles y avenidas de La Paz están casi cada día cortadas, perjudicando a miles de personas que realizan actividades económicas, sociales o de otro tipo, una situación que se refleja también en otras urbes y, lamentablemente, en decenas de carreteras interdepartamentales e interprovinciales del país.

El problema que sucede reiteradamente en la frontera con Chile debe ayudar a la reflexión de que eso ocurre, ante la mirada negligente de las autoridades, con mucha más frecuencia en nuestro propio territorio que en la frontera.

 Bolivia debería sostener un debate profundo respecto a las consecuencias de estas medidas de presión. Lo que pasa en Chile puede ayudar a activarlo.
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