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editorial

El desafío de Corea del Norte

El desafío de Corea del Norte
Si el mundo estaba sorprendido por la prueba misilística realizada por Corea del Norte el 4 de julio pasado, lanzada de manera vertical y que alcanzó 500 kilómetros de altitud, ahora debe estarlo aún más. El 28 de julio, el Gobierno norcoreano lanzó otro misil ICBM (Inter-Continental Ballistic Missile, por sus siglas en inglés) alcanzando una altura de 1.000 kilómetros. Si un misil de ese tipo fuera lanzado con un ángulo más horizontal, podría alcanzar gran parte del territorio continental estadounidense.

Que en tres semanas las FFAA de Corea del Norte hayan logrado duplicar el alcance de sus misiles demuestra su alto grado de avance. Solo un puñado de países tiene la tecnología para producir ese tipo de armas.

Como Corea del Norte también ha avanzado en la producción de armas nucleares, una de esas ojivas podría ser instalada en un misil y lanzado a sus enemigos, obviamente EEUU y también Surcorea, cuya capital, Seúl, está solo a 80 kilómetros de su frontera sur.

EEUU posee desde hace décadas la tecnología suficiente como para interceptar este tipo de misiles. En los últimos días realizó pruebas para asegurarse que sus protocolos están vigentes y que las armas de interceptación funcionan adecuadamente. Envió 15 misiles similares al coreano desde un avión sobre el Pacífico y todos ellos fueron derribados por el sistema THAAD (Terminal de defensa de alta altitud, por sus siglas en inglés), controlado desde una base en Alaska.

Por lo tanto, los especialistas creen que es virtualmente imposible que un misil, que es detectado de inmediato por radares y otros sensores, pueda llegar a territorio estadounidense. Es más posible, por la corta distancia, que sí alcance a Surcorea, aunque también ese país tiene sistemas de defensa, proveídos por EEUU. Además, la represalia sería devastadora y terminaría por derrocar al tiránico régimen hereditario de Corea del Norte.

Que ello sea así no quiere decir que el Gobierno del presidente Kim Jong-Un tiene una carta poderosísima que puede disuadir cualquier ataque militar que busque destronarlo. En esas circunstancias sería suicida para EEUU intentar un ataque, sabiendo que Corea del Norte puede responder usando armas nucleares que, aunque interceptadas, podrían tener efectos catastróficos en diferentes regiones del territorio surcoreano y de otras naciones. 

Por esa razón, la opción de un ataque externo debería ser descartada, aunque las presiones contra ese barbárico Gobierno, el más totalitario y reclusivo del mundo, deben proseguir para lograr en ese país alguna normalización y apertura.
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