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editorial

Édgar Ramos, un alcalde cuestionado

Édgar Ramos, un alcalde cuestionado
Los cabos sueltos no dejan de aparecer. La figura del alcalde de Achacachi, Édgar Ramos es cada vez de forma más nítida, la de una autoridad poco compenetrada con la realidad de su municipio, que no realizaba una gestión transparente,  no rendía cuentas por ello, e incluso no vivía en el municipio.

El alcalde contra  el que se han movilizado dirigentes, mujeres y niños de esa localidad del altiplano, pertenece al MAS y al parecer cuenta con apoyo del oficialismo, pero no puede fácilmente ser defendido por sus acciones ni por su transparencia. 

Solamente en los últimos días, mientras continúa la movilización y la vigilia que pide su renuncia, se han sumado una serie de denuncias de irregularidades. Los vecinos denunciaron un supuesto sobreprecio en el mejoramiento de una plaza y la construcción de letrinas. También, Ramos está acusado de irregularidades por la construcción de un campo deportivo de césped sintético con un presupuesto de 12 millones de bolivianos, que después de su entrega se comprobó que no cumplía las especificaciones técnicas. A ello se suma que Ramos habría presentado como propias, obras construidas por su antecesor.  

La semana pasada, Ramos explicó ante los medios televisivos que dará la cara para aclarar las acusaciones; y que él es víctima, no culpable. En todo caso, el pleno del concejo municipal de Achacachi determinó presentar  una denuncia formal ante el Ministerio Público por los delitos de malversación de recursos e incumplimiento de deberes. 

Aunque, en respeto a la normativa vigente, sólo queda esperar su renuncia o el llamado a referendo revocatorio, ambas posibilidades son poco probables, pero es igualmente poco probable que los pobladores movilizados se replieguen.

Es lamentable que autoridades electas localmente lleguen a tal extremo de ineptitud y mal ejercicio que provoquen una reacción de esta magnitud. 

Aunque el vicepresidente García Linera sostiene que se trata de una confrontación entre citadinos y comunarios del mismo municipio, este caso es simbólico por las lecciones que encierra sobre la calidad de las gestiones locales en ciudades intermedias o municipios rurales, donde se mal utilizan los escasos recursos que se reciben y donde pueden más los apoyos políticos -especialmente si son del oficialismo- que las propuestas y el trabajo de los representantes. 

¿Será Ramos capaz de dar, como ha ofrecido, la cara y responder a las denuncias, o tendremos que esperar que la sangre llegue al río? La respuesta a esta interrogante deja de ser estrictamente municipal para ser de preocupación nacional.

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