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Desde el faro

¿Pacto de (imp)unidad e ingobernabilidad?

¿Pacto de (imp)unidad e ingobernabilidad?
En diciembre del año 2011, el matutino La Razón informaba que, en medio de peleas por cuotas de poder entre directores y juntas vecinales de El Alto "tres miembros del directorio y del sindicato de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS) acordaron designar un gerente interino, postergándose por cuatro meses  la reestructuración de la empresa”. 

Desde ese momento, ¡vaya paradoja! el sindicato asumió el rol  de "control social” (juez y parte) de una empresa que tuvo, por seis años, congelada la reforma institucional indispensable para asegurar una gestión eficiente.  Conclusión: la crisis del "agua” terminó desnudando la incompetencia e ingobernabilidad de una EPSAS incapaz de hacer lo que le manda la ley.  10 años perdidos para resolver la sorpresiva carencia de agua que por mucho tiempo afectara a  miles de familias en La Paz.   

 Tras el escándalo del Fondo Indígena, Lenny Valdivia, ministra de Transparencia,  afirmó que su directorio era totalmente "ingobernable”, no sólo por la participación de varios ministros, sino  por la dirigencia de 10 organizaciones sociales … aquejadas por una "total falta de conocimiento de la cosa pública”. "¡Bah!, es nuestra la plata, déjenos que nos la comamos”, habría sido -según confesión de la exministra Achacollo-  la respuesta de los dirigentes frente a todo intento de control y seguimiento.  

El cuoteo sindical campesino por ese botín de guerra se repitió en ministerios y en la polémica preselección de candidatos a los altos cargos del Órgano Judicial y del Tribunal Constitucional.
 
 Años más tarde, Evo Morales lamentaría: "En vano incorporamos poncho y pollera en la justicia… la retardación de justicia y la corrupción son el cáncer de la justicia boliviana”. 

 11 años después de la victoria de Evo Morales  persisten dudas sobre el destino de más de 500 millones de bolivianos del Fondioc y se reafirma la opinión de que la  dirigencia del Pacto de la Unidad  perdió la  inocencia. No es casual que al declinar a una "inexistente” candidatura vicepresidencial, García Linera se haya referido a la "debacle de la mística del proceso” y a la necesidad de "combatir individualismos, corporativismos y burocratismos”.

 Pese a esta evidencia, el Presidente insiste en culpabilizar a los profesionales y técnicos por el extravío del Fondioc, pidiendo no tocar el poder real asentado en el Pacto de la Unidad, en cuyo seno los cocaleros son la voz cantante y sonante. Como nunca antes Evo depende de ellos. El dilema es inevitable. Son ellos los que evaluarán la gestión de los ministros, condenando y premiando a discreción, dependiendo del nivel de prebenda, y sumisión a sus exigencias corporativas. 

 La ineficiencia e impericia no les preocupa. La amenaza de ingobernabilidad es  su arma. Consolidan los vicios institucionales y políticos del pasado. En la otra esquina los clasemedieros, citadinos, profesionales e invitados del MAS disimulan el temor que despierta el autoritarismo y  la ignorancia en asuntos públicos de esa dirigencia sindical empoderada y dispuesta a vigilar, y castigar a los traidores e infiltrados. 

 Dicho esto,  no debiera sorprendernos la temeraria decisión de subordinar la Constitución Política del Estado a la fuerza movilizadora del Pacto de la Unidad para forzar la pretensión prorroguista del Presidente que el pueblo ya negó el 21 de febrero. El líder se empequeñece ante el país y el mundo al pedir, tan suelto de cuerpo, se  avasalle el Estado de Derecho, al demandar instaurar el orden, no de la ley sino del más fuerte. Al confundir  a los cocaleros y a su partido con el pueblo, al pedir al Pacto de  la Unidad que sea  el "imán” para atraer más pueblo. Lo hace en el peor momento, cuando es creciente el rechazo ciudadano a la degradación de esa dirigencia social antes asumida como "reserva moral”. 

 Ciudadanía temerosa a la ingobernabilidad que anuncia un pacto de (imp)unidad de fracasar en su empeño. Narcisismo puro, empoderamiento alejado de la fuerza de la razón. Ceguera de un núcleo de poder enredado en su ambición y propios desaciertos,  cada vez más desconectado de su pueblo y de las urgencias que la democracia debe resolver en tiempos de Navidad.  

Erika Brockmann Quiroga es politóloga y fue parlamentaria.
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