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Desde el faro

Centralismo presidencial y metodología monárquica

Centralismo presidencial y metodología monárquica
"Por la importancia del financiamiento, la seriedad y… la metodología del Programa Mi Agua, vigente desde el 2011, los proyectos deben ser presentados por los alcaldes municipales al señor Presidente del Estado… en los eventos convocados para el efecto… asistencia obligatoria ….razón por la que sus proyectos son devueltos hasta una próxima convocatoria”. Con estos términos, el Ministro de la Presidencia comunicó a la Alcaldía de La Paz (2/12/2013) que sus proyectos se desestimaban por no cumplir con el requisito de la presencia del Alcalde en tan importante evento. ¿Qué tal? De sólo imaginarme el ritual aprobatorio durante este tipo de reuniones, me vienen a la memoria escenas de alguna  película sobre tiempos jurásicos, en las que el "gran jefe” o monarca  bendecía las peticiones de súbditos y vasallos. Imagen ridícula y anacrónica para estos tiempos "posneoliberales”, cibernéticos y donde el  agua es un "Derecho” y no la concesión discrecional del Presidente, de nada menos que, del Estado Plurinacional con autonomías.  

 Es verdad que los proyectos "Mi Agua 1, 2 y 3” fueron y son destinados preferentemente al área rural (en un país mayoritariamente urbano), hecho que podría justificar el rechazo de la propuesta de un municipio urbano, cuyas prerrogativas pasaban por otros mecanismos financieros. Es el caso del Fondo Nacional de Inversión Productiva y Social (FPS), pensado desde tiempos neoliberales como instancia de apoyo a alcaldías cualquiera sea su alineamiento político, imparcialidad que hoy se pone en duda. Lo que aquí llama la atención no es el retorno al centralismo,  sino  al personalismo caudillista de esta sui géneris metodología.     Se incrementa mi asombro frente a la respuesta dada por el presidente Morales a un periodista español que,  luego de acompañarlo a la festiva entrega de un monumental coliseo en una población carente de agua, le preguntó por qué razón se había priorizado esa obra en una población donde fue testigo de niños jugando y consumiendo aguas de un riachuelo contaminado. ¿Qué respondió Su Excelencia? Que sus proyectos responden a la demanda de los beneficiados,  que gobierna obedeciendo, descartando la posibilidad de ejercer un liderazgo estratégico y orientador sobre el "pueblo”. Pasado el festín de la bonanza, hoy comenzamos a sentir los efectos perversos de una concepción jefaturista fundada en el facilismo clientelar y la concentración de poder. 

 Para evitar una opinión antojadiza,  revise  la Ley Marco de Autonomías y Descentralización, cuyo artículo 121 define mecanismos de coordinación entre el nivel central del Estado y las Entidades Territoriales Autónomas. Se menciona al Consejo Nacional de Autonomías, que tiene la papa caliente del pacto fiscal y un lento caminar, pero también se refiere a los Consejos de Coordinación Sectorial, cuyo liderazgo institucional debió haberse sentido en situaciones críticas, como la experimentada en La Paz, en el lago Poopó, entre otras tantas. Consejos con autoridad, en lugar de un gabinete de emergencia presidido por quien concibe todo como "un teatro de operaciones de guerra”, flanqueando a un Presidente  y a su Vice sobrevolando con helicópteros, como mariscales de campos de batallas jamás imaginadas. 

 El nuevo centralismo que paraliza el fluir de las autonomías y el fortalecimiento institucional no tiene que ver con el repunte de una vigorosa burocracia central, sino con la concentración del poder presidencial y un entorno dócil, cuyos miembros perdieron la capacidad analítica que algún momento osaron ostentar.   

 Así como esta súbita escasez de agua induce a modificar malos hábitos de consumo, sería ideal que  los gobernantes opten por cambiar súbitamente los suyos. Sería también bueno que, a estas alturas, se erradiquen de las redes sociales los adjetivos racistas con los que se increpa al Presidente, para optar por interpelar éste y otros métodos anacrónicos por él utilizados, cuyo uso y abuso no debiera dar lugar a la insólita y frecuente respuesta de no "haber sabido nada”. 

Erika Brockmann Quiroga es politóloga y fue parlamentaria.
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