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Desde el faro

Demagogia: consecuencias, remezones y falta de soluciones

Demagogia: consecuencias, remezones y falta de soluciones
"Yo candidato de una fórmula opositora? ¡Jamás! ¿Sabe? Aquí en el altiplano orureño estamos muy agradecidos con el Evo; la quinua subió su precio gracias a su discurso en Naciones Unidas,  ahora que el precio está de baja, le pediremos que vuelva a Naciones Unidas para hacer subir el precio de nuestro grano de oro”. Así respondió un dirigente campesino a una propuesta electoral impertinente y pecaminosa para sus oídos. La anécdota ilustra la confianza ciega, el agradecimiento mal entendido y la lamentable ignorancia de algunos sectores, rasgos que lubrican toda relación con caudillos populistas, de cuasi súbditos con el monarca hacedor de milagros. 

Sin embargo, los últimos conflictos y remezones en el país dan cuenta de que algo está cambiando y que  los problemas no se resuelven  por arte ni magia y menos por la intervención divina de Su Excelencia. Como si despertaran del sopor  y la cooptación de su dirigencia, varios sectores sociales se alzan  para  expresar su desencanto al declinar 10 largos años de bonanza. Lo hacen a la usanza de viejos tiempos. Enarbolan el pliego petitorio hasta "las últimas  consecuencias”, al ritmo de explosiones dinamiteras, en un intento por reeditar jornadas de resistencia heroica del pasado ¡En eso tampoco cambiamos!      

 La movilización de la COB, los efectos del súbito, insensible pero previsible cierre de Enatex  manifiesta la enorme incertidumbre que se cierne sobre la estabilidad laboral dentro y fuera de un  ineficiente y nada transparente Estado empresario y, en este caso particular, del sector textil y de la confección, hace mucho  agonizante. Curiosamente, Enatex,  diseñado para la exportación, compitió en el mercado interno perjudicando a los productores de menor escala ya afectados por la crisis.     

 Es verdad, muchos baten palmas porque el conflicto erosiona y desnuda la improvisación e incompetencia de un régimen que muestra sus hilachas. Sin embargo, preocupa la cadena de acciones que replican compulsivamente tácticas de lucha que funcionan ante la falta de institucionalidad  y de respuestas  realistas y responsables. Las víctimas de la demagogia demandando más demagogia.  A las cifras me remito. 

 Ya el año 2013 se reportó que en Santa Cruz la pérdida de 5.000 empleos -no 800 como en Enatex- debido al cierre de talleres de confección. Hace 10 años "una mype” del rubro textil en Cochabamba contrataba hasta 20 operarios, ahora sólo a dos debido a la caída de producción, a la pérdida de mercados, al  contrabando e ingreso de ropa usada, a dobles aguinaldos cuando de trabajo formal se trata y a la rigidez en la política cambiaria, que coloca a nuestros productos en desventaja.  

 ¡Y no todo tiempo presente es mejor! Según el  IBCE, el 2004  fue el año de mayor exportación de este sector no extractivista. En plena vigencia del ATPDEA se exportó 4.102 toneladas de producto textil, casi dos veces más que los años  2010 y 2015, aunque a precios más bajos por tonelada. 

 Lo sabemos, el problema tiene su raíz en la falta de productividad y el efecto del espejismo de "los altos precios” que nos contagió exitismo y autocomplacencia.  Su Excelencia tuvo que ver con la debacle. Bajo la consigna "kausachun coca”, al celebrar su primera victoria electoral, decidió privilegiar al sector cocalero del Chapare con consecuencias ahora difíciles de revertir. 

 No estoy de acuerdo con que los bolivianos paguemos la ineficiencia y la falta de información confiable sobre las empresas del Estado, ni que  el sector laboral formal se resista a soluciones integrales. Hace ya tiempo la informalidad acecha y resulta imperdonable que la crónica animadversión hacia el empresariado impida constituir, de una vez por todas, un consejo económico social tripartito conformado por gobierno, empresarios y trabajadores. Varios países lo hicieron con éxito al decidir propiciar grandes acuerdos y  archivar la demagogia, que ya no da espacio al mesianismo arriba anotado… ése que  alimenta, de tanto en tanto, el colonial discurso vicepresidencial.

Erika Brockmann Quiroga es politóloga.
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