La Paz, Bolivia

Martes 22 de Agosto | 20:32 hs

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Desde el faro

Presidente, ¡no derrotó a nadie!

Presidente, ¡no derrotó a nadie!
Presidente, se equivoca al celebrar una victoria sobre la derecha, el imperio y los cooperativistas mineros que osaron confrontarlo. El Gobierno no derrotó a nadie en el manejo de un  conflicto que escaló al extremo de segar la vida del viceministro Illanes y de cuatro cooperativistas por el impacto de balas certeras de origen "desconocido”. Bajo su gobierno gana día a día el capitalismo salvaje, el imperio de la informalidad y sus demandas particularistas, pierde el sentido común que debiera cohesionarnos inclusive en la diferencia.  

La evolución de éste y otros conflictos da cuenta qué poco cambió la Bolivia del Cambio.
 
Interpela a todos, especialmente a quienes en nombre de los excluidos prometieron sentar las bases de un pacto social de convivencia respetuoso, de una nueva Constitución -a su criterio legal y legítima- a diferencia de aquellas del vilipendiado pasado republicano. Ello significaba que usted y sus aliados "C” (cocaleros, campesinos, cooperativistas, colonizadores- hoy interculturales- comerciantes populares)  pondrían punto final al recurso del bloqueo y la dinamita libertaria de la que muchos se precian ser vanguardia. Eso no ocurrió. Persiste el Estado que violenta con más eficacia los derechos fundamentales y se exacerbaron prácticas sociales que  se estornudan en el derecho de terceros y del vecino.   

El bloqueo sigue siendo un ingrediente imprescindible de toda reivindicación que se precie de heroica. Y lo peor, la convocatoria de la muerte termina siendo condición para sellar el ritual que desemboca en un recurrente empate catastrófico. Y es que concluida la euforia consumista inyectada por una bonanza de precios, no existe institucionalidad estatal capaz de canalizar y resolver los conflictos, demandas e incumplibles pliegos petitorios que terminan doblándole el brazo a la autoridad estatal,  a fuerza de bloqueo y confrontación violenta de la que usted fue emblema y  hoy es detractor al sentarse al otro lado de la mesa.  

El ciclo es previsible. ¡Movilización, confrontación, presos y liberación de detenidos como condición del diálogo, cuartos intermedios, acuerdos, comisiones de trabajo que no solucionan parcial ni definitivamente los conflictos, hacen parte del ritual! La tregua resulta necesaria para postergar el conflicto, rearmarse o darse un respiro para honrar como se debe el calendario de festividades infaltable. Buen recurso para desactivar el conflicto en víspera de la imperdible feria, fiesta folklórica o religiosa. Compulsión a la repetición dirían los psicólogos. Fatalidad que alimentamos al ritmo  del "lamento boliviano”, del homenaje de guerras ganadas y perdidas en el discurso demagógico, diluidos sus efectos en la improvisación  y la  ineficiencia. Las guerras del "agua” y del "gas”  desnudan este extremo. 

Hay variantes. Hoy, el conflicto es "plurimulti”. No se reduce al enfrentamiento de sectores de la sociedad frente a un Estado casi siempre desbordado. En tiempos del Estado Plurinacional se induce o mira de palco la confrontación social, se divide y prebendaliza a dirigencias sociales.
 
Entre soberbia, violencia e indiferencia se siembra el miedo y acalla transitoriamente las protestas engrosando la lista de tensiones irresueltas.  

La tragedia recientemente vivida representa la impotencia de quienes proclamaron la erradicación del Estado "Aparente”, es reflejo de la persistencia de la  Bolivia con huecos, de territorios vacíos de Estado o favorecidos por la permisividad gubernamental. ¿Acaso el Chapare, San Matías, el TIPNIS, poblaciones altiplánicas donde mandan chuteros y contrabandistas y distritos mineros persistentemente avasallados  no expresan los viejos y nuevos  agujeros negros donde prevalece la ley del más fuerte? Presidente,  las "C” del MAS encarnan esta realidad anclada en el clientelismo y la nueva "sindicatocracia” potencialmente chantajista.
 
Lamentablemente, la década de su liderazgo presidencial no sirvió para instalar una nueva pedagogía para manejar conflictos, para sincerarnos, sembrar ciudadanía más democrática, desmontar nuestros mitos y conjurar con sabiduría la memoria de nuestros muertos y  sus fantasmas.  

Erika Brockmann es politóloga.
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