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Desde el faro

Estado Plurinacional: híbrido y disminuido

Estado Plurinacional: híbrido y disminuido
A propósito del 11 aniversario de la presidencia de Evo Morales  y de su promesa de desmontar el orden republicano, conviene recordar que el artículo 11 de la Constitución reafirma que Bolivia es una República. Pese a la pretensión refundacional, a la mucha tinta y discurso proclamando el advenimiento del Estado Plurinacional y del socialismo comunitario, el andamiaje institucional todavía imperfecto sigue siendo republicano. Llamó la atención que el informe presidencial no reporte un conjunto significativo de emprendimientos comunitarios sostenibles que no sean iniciativas fundadas en una lógica de sobrevivencia. En otras palabras: el "socialismo comunitario” no cobra cuerpo pese al reconocimiento de la economía plural y comunitaria.  

A la par, constatamos que el rasgo plurinacional adopta carácter  minimalista debido  a las dificultades que enfrentan los procesos de constitución de Autonomías Indígenas Originarias Campesinas (AIOC), desde donde debiera "irradiarse al mundo” el paradigma del Vivir Bien en un Estado descolonizado.  Si en medio del entusiasmo inicial del "proceso de cambio” se avizoraba la explosión de entidades indígenas, al presente  la apatía  ganó terreno. De hecho, el horizonte de posibilidad de las AIOC se aclara y decanta configurando un cuadro singular, pero más  disminuido. Hasta hoy, sólo dos de los 11 municipios que originalmente apostaron por su conversión a AIOC ha consolidado esta condición. Se trata de Charagua en Santa Cruz  y Uru Chipaya en Oruro.  A estos se suma el distrito indígena de Ragaypampa, que recientemente aprobó sus estatutos, pero que deberá enfrentar un complejo proceso de deslinde de la jurisdicción del municipio de Mizque, Cochabamba. 

 El  rechazo a la constitución de autonomías indígenas en municipios indígenas emblemáticos, como el de Curahuara de Carangas y el de Totora, ha sido aleccionador. Coincido con Pedro Portugal, intelectual aymara, al referirse al "fiasco del esencialismo indigenista” y a realidades que  desnudan "contradicciones y oposiciones que existían desde hace tiempo, pero que recién pudieron expresarse”, y  que  los ideólogos del Estado Plurinacional y de algunas  ONG no pudieron anticipar.  

 Ejemplos de estas contradicciones sobran. Están las generadas en la relación entre ayllus y sindicatos campesinos, éstos últimos  nada de ancestrales. Se suma el arraigo, desde 1994, del municipalismo basado en una democracia representativa de cuño liberal. Otra dificultad se asocia al escaso interés en la recuperación y codificación de lo que se entendería como usos y costumbres, y al predominio de expectativas ancladas en la modernidad de sectores de la población expuestos al mundo global, como lo son los residentes (miembros radicados en ciudades),  los vecinos del pueblo y  la juventud de esas comunidades. 

 En otras palabras: luego de siete años la idea original del Estado Plurinacional se desvanece.
 
Además de ser una propuesta demagógica, el MAS lo desahució al apostar por una forma de capitalismo popular,  arropado de simbología predominantemente andina. Curiosamente, "capitalismo y mercado” y la "estatolatría” son los íconos del nuevo tiempo. Queda claro que si en los próximos años las AIOC, que funcionan con buen pronóstico, superan las dos docenas, sus promotores deberán darse por satisfechos. 

 Bolivia tendría un abanico diverso y rico de experiencias de autogobierno para estudiar y quizás replicar, muy distinto a la visión  indigenista romántica, reflejada en el anacrónico preámbulo de la Constitución. 

 La realidad supera la fantasía. Como señalan algunos estudios, resulta curiosa la manera en que estas AIOC combinan normas y prácticas de tipo liberal-municipales con otras comunitarias.
 
Una suerte de "mestizaje” o de "política fusión” como rasgo predominante en su construcción institucional. De una realidad más compatible con la idea de pluralismo republicano que el MAS se empeña en negar y cuyas virtudes aún los bolivianos no terminamos de asimilar. 


Erika Brockmann Quiroga es politóloga.
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