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Erika Brockmann Quiroga
Desde el faro

Tangibles imposturas “antinación”

Tangibles imposturas “antinación”
Que la machacona discusión sobre la intangibilidad del TIPNIS sirva para desnudar imposturas y amenazas para el país  hoy más tangibles que nunca.  Tomando la idea de Roger Cortez, es hora de activar voluntades colectivas  frente a un inminente "paquetazo” que tiene al TIPNIS como punta de lanza. Paquetazo dispendioso, antiecológico, antiindígena;  en suma, "antiplurinacional”, tanto o más grave que aquellos resistidos en el pasado; anclado en una idea de progreso obsoleta, enquistada en el núcleo de poder y en el imaginario nacional, y cuyos ingredientes se anidan en la agenda 2025.

 El medioambiente no es mi tema y no abrazo romántica ni dogmáticamente causas "pachamámicas”. Sin embargo, el análisis de los hechos me anima a indicar que la declaratoria de  intangibilidad de todo el TIPNIS  en octubre de 2011 se fundó en un acto desesperado por evitar el avasallamiento "colonial” y depredador reñido con los derechos indígenas, y principios de protección y administración de áreas protegidas concebidas en la ley del medioambiente de 1992 y  su reglamento hoy constitucionalizados. 

Ya desde entonces su manejo integral contemplaba la posibilidad de declarar zonas intangibles pero no a la totalidad del área protegida. Esa ley  nunca debió ser pretexto gubernamental para dejar de responder a necesidades y derechos a la salud, y educación de esas poblaciones ni de proteger integralmente el parque. 

 La ley recientemente abrogada se fundó en la desconfianza y en la mala fe de un gobierno que sentenció "si no hay carretera  entonces no hay nada”. Lo que siguió, fue más de lo mismo,  una historia política de  oportunidades perdidas. No se pudo  sincerar un debate nacional sobre los límites  y costos del desarrollismo extractivista de mediados de siglo pasado frente a una nueva manera de asegurar progreso y bienestar contemplando el manejo sustentable de los recursos. 

 Siete años después son inocultables los efectos tangibles de ese silencio y la ausencia de respuestas reflexivas tras la victoriosa marcha indígena. El oficialismo aprovechó para  profundizar la confusión y los mitos desarrollistas. Se dice falazmente que crecimiento económico es sinónimo de desarrollo y que  no hay alternativa competitiva,  técnica ni financieramente factible frente a la carretera, y megainversiones antiecológicas proyectadas que contradicen olímpicamente su discurso "pachamámico” engañoso.   

 Los datos son elocuentes. La cartelera informativa del día da cuenta de sinnúmero de problemas mayores cuyo debate plural nos es negado. "Entre 2015 y 2016  el polígono 7 del TIPNIS incrementó de 861 a 1.233 hectáreas el cultivo de cocales”, es la región donde colonos impidieron abusivamente el paso de otros bolivianos;  "11 de 22 áreas protegidas de Bolivia están superpuestas por concesiones de petróleo y gas”. ¿No debiera abrirse la discusión sobre el costo beneficio de una u otra posición?

  "Evo Morales se queja por falta de caña de azúcar para San Buena Ventura”. Siempre supo que no eran tierras aptas y hoy pide incrementar cultivos de caña para sostener esa millonaria inversión. Tras incendios forestales nos enteramos que "sólo 90 guardaparques vigilan 21 reservas naturales”.  En la sede de Gobierno  son tangibles los efectos de la idea neoliberal y privatizadora de las calles dominante en gremiales, tras seis días de movilización resistiéndose al registro de una entidad pública competente.  El 7 de agosto se develó el pacto militar con brazos armados civiles campesinos. 

 "Antinación” es un término fuerte. Y es que el problema de los indígenas y del TIPNIS es un problema de todos, como también lo es el crecimiento de los cultivos de coca destinados al narcotráfico, hoy bendecidos por la polémica Ley de la Coca. Son temas, entre otros, que trascienden el interés avasallante de colonos, campesinos, cocaleros, cooperativistas y otras "c” empoderadas. No reconocerlo es prohijar intereses sectoriales en desmedro del destino común de los bolivianos. 

 Aceleradamente, el impulso particularista y conservador del pacto corporativo que sostiene al MAS-IPSP se impone a la par que su lógica electoralista. En este punto, no es descabellada la idea de "plurinacionalizar su discusión” echando mano al referendo como herramienta democrática  para que el pueblo hable y esas minorías empoderadas acaten. ¿Lo harían?
                                                   
Erika Brockmann Quiroga es politóloga y fue parlamentaria.
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