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La crisis política en Brasil se agrava

La crisis política en Brasil se agrava
La crisis política se agudiza en Brasil en una espiral que ya ganó vida propia. La creciente indignación de la población frente al aumento de escándalos de corrupción es imparable. Todos los partidos políticos y la mayoría de los políticos están involucrados en la apropiación millonaria de los recursos públicos. 

Está cada vez más claro para gran parte de la ciudadanía que existe un esquema mafioso y criminal en el seno del sistema político, en los niveles nacional, departamental y municipal. También está claro que la mecánica de desvío de recursos públicos a bolsillos privados involucró a grandes empresas privadas en un tipo de colaboración público-privada orientada al asalto de los cofres públicos. 

Las operaciones del poder judicial y de la Policía siguen desnudando nuevas aristas de los esquemas de corrupción así como nuevos esquemas. Cada día más políticos son indiciados judicialmente, alejados de sus cargos e, inclusive, encarcelados. El presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, está apresado. Martes, el Tribunal Supremo Federal emitió una decisión de alejamiento del presidente de la Cámara de Senadores Renán Calleros. Decisión que no fue acatada por Cámara de Senadores, indicando tensiones fuertes entre los poderes del Estado. 

La semana pasada, la empresa Odebrecht publicó en los principales periódicos del país una solicitada con el pedido de "Perdón público” y la devolución de billones de reales a las arcas públicas. La población asiste a todo esto en estado de estupefacción. El sentimiento de indignación y la pérdida de confianza de los ciudadanos en relación a sus representantes encuentran combustible en acciones como la aprobación por la Cámara de Diputados de una medida para limitar la operación Lava-Jato que investiga la corrupción en la Empresa Pública Petrobrás. 

El pasado domingo las manifestaciones multitudinarias en las principales capitales del país mostraron el apoyo de la población a las investigaciones de los esquemas de corrupción. En las redes sociales y en las calles los ánimos se calientan con llamadas a actos violentos contra los políticos involucrados  y acciones de vandalismo contra bienes públicos. 

Lunes, la presidenta del Supremo Tribunal Federal habló en tonos fuertes sobre las amenazas al sistema político democrático con dos frases muy elocuentes: "Espero que la sociedad no deje de creer en las instituciones” y "o es democracia o es guerra”. Ya se empieza a respirar miedo. De igual manera ya se palpa la insostenibilidad del gobierno de Michel Temer. 

La profundización de la crisis política posterga los horizontes de superación de la crisis económica. Es muy difícil vislumbrar el incremento de las inversiones y del empleo en medio de semejante desbarajuste político. Brasil vive un gran dilema. Por un lado está la urgencia de frenar la crisis económica con 12 millones de personas desempleadas y el continuo cierre de negocios. Por el otro lado está la prioridad del combate a la corrupción a través de la continuación de las investigaciones por parte del poder judicial y policial. 

El dilema está en que la crisis económica está fuertemente asociada a la crisis política. La continuación de las investigaciones profundiza la crisis política, a la vez que la crisis política sólo puede ser superada con la continuación de las investigaciones hasta el último político. Un refrán musical muy popular en Brasil refleja claramente la situación actual: "Si gritar pega ladrón, no queda uno, mi hermano”.  Todavía no se vislumbran alternativas políticas con reserva moral y ética para implementar las reformas políticas urgentes y necesarias que requiere el país.

Es un dilema difícil. Para mí no queda duda que la limpieza del sistema político no puede detenerse y que debe llegar a todos los partidos políticos inclusive al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), principal adversario del Partido de los Trabajadores (PT). El PSDB no está todavía en la mira de los procesos judiciales pese a los fuertes indicios en su contra. Pero confío que su turno llegará. Igualmente urgente es la superación de la crisis económica.  

La situación es efectivamente grave. El mismo sistema político democrático está en peligro. La posibilidad de canalización de la indignación de la población por aventureros populistas anti-sistémicos y salvadores de la patria está presente. Tampoco se puede descartar salidas no democráticas en caso de incremento de la espiral de violencia y de descomposición política y social. 
  

Fernanda Wanderley es sociólga investigadora.
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