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Fernanda Wanderley
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La democracia y los derechos de las mujeres

La democracia y los derechos de las mujeres
Esta semana Bolivia comemora 35 años de recuperación de la democracia y el Día de la Mujer Boliviana. Las dos celebraciones ocurren con sentimientos encontrados. Si bien son muchas las conquistas logradas los desafíos son igualmente grandes. No se trata de elegir entre ver el vaso medio lleno o medio vacío. Lo que está en juego es mirar el pasado para proyectar el futuro, sin perderse en los árboles que no dan cuentan del bosque. 

Las mujeres fueron protagonistas en las luchas contra las dictaduras y en este proceso germinaron cuestionamientos a las relaciones de poder y a la división sexual del trabajo. Desde sus experiencias en los partidos de izquierda y los movimientos populares, las mujeres comprendieron que la lucha empezaba por la recuperación formal de la democracia, pero que no se limitaba a ella. 

Con el retorno a la democracia, los movimientos feministas se articularon en redes nacionales e internacionales para impulsar acciones colectivas a favor de los derechos civiles, políticos y sociales de las mujeres. Este proceso no estuvo exento de fuertes tensiones y conflictos entre las organizaciones feministas. Las diferencias ideológicas y las desigualdades de clase, y étnicas entre las mujeres evidenciaron la complejidad de las luchas por sociedades más democráticas y justas.  

Pese a estas tensiones y conflictos, los movimientos feministas forjaron alianzas sobre la base de agendas compartidas e impulsaron proyectos políticos, como el combate a la violencia contra las mujeres y a su exclusión de la participación política. Las reivindicaciones convergieron hacia demandas de transformación de las estructuras patriarcales, que no sólo reproducen violencias psicológica, física, sexual y patrimonial/económica, como también someten a las mujeres en interacciones y dinámicas que desigualan, y discriminan en el ámbito político, social y económico. 

Estas reivindicaciones se tradujeron en cambios normativos importantes a nivel internacional y nacional. La Ley Integral para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, la Ley Contra el Acoso y la Violencia Política y los principios de paridad y alternancia de género en la Ley 026 del Régimen Electoral son hitos en un largo proceso de conquistas. Sin embargo, el tiempo enseñó que el reconocimiento formal de los derechos ciudadanos es necesario, pero no suficiente para el efectivo ejercicio de los mismos. 

Es así que pese a estas normativas, los casos de violencia contra las mujeres siguen muy altos e inclusive en aumento. Según la Encuesta de prevalencia y características de la violencia contra las mujeres realizada en 2016 por el INE, el 45% de las mujeres bolivianas de 15 años y más, casadas o en unión libre, reportaron haber vivido una situación de violencia en su relación de pareja en el año anterior a la encuesta. Según la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia, de enero a abril de 2017 se registraron 10.000 casos de agresiones psicológicas y físicas contra mujeres y niños.
 
También según datos oficiales, en 2016 ocurrieron 104 casos de feminicidio, 11 más que el año anterior.  

En relación a la participación política, Bolivia logró un incremento de la incorporación de mujeres en los poderes del Estado. Según datos de la Vicepresidencia, las mujeres representan el 45,5% del Senado y 51,5% de la Cámara de Diputados. En el Órgano Judicial, el 43% de representación de mujeres, en las asambleas departamentales alrededor del 45% y en los concejos municipales el 53%. 

Sin embargo, también se incrementaron los casos de violencia y acoso político en los diferentes niveles del Estado.  Esta situación no es encarada como un problema de primera magnitud por las organizaciones políticas. A esto se suma las denuncias de vulneración de la autonomía de las mujeres en su rol de representantes políticos. Estos hechos ponen en cuestión la verdadera participación política de las mujeres en un régimen democrático. 

Hoy los movimientos feministas enfrentan un falso dilema que quiere imponer el gobierno del MAS: concentrarse únicamente en sus reivindicaciones específicas o involucrarse en la defensa amplia de los principios y valores democráticos. Logros normativos y de política pública puntuales, por más importantes que sean para las mujeres, no pueden callar su voz y acción en el ámbito público. 

En la actualidad Bolivia enfrenta verdaderos peligros de retroceso a un régimen dictatorial. Las acciones gubernamentales para viabilizar la reelección  indefinida de Evo Morales, para controlar los poderes Judicial, Legislativo, Ejecutivo y Electoral, neutralizar las voces independientes y controlar los medios de comunicación ponen en riesgo el sistema democrático. 

Es hora de  las mujeres y de  todos los ciudadanos, como hace 35 años, para defender la democracia y seguir luchando por la equidad de género. 

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.
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